Federico Mana
Federico Mana

El debate generado por la llegada de Uber a la Argentina no sólo se enclava en la competencia que generará en el mercado del transporte de pasajeros, si noque además nos exige repensar los conceptos de liberalismo económico, comunidad e, incluso, gratuidad.

Si bien el concepto de "liberalismo" es absolutamente amplio y multívoco, podríamos resumir su espíritu en la idea de que es una doctrina que defiende el emprendimiento individual al mismo tiempo que propone la limitación de la incidencia estatal.

De aquí se desprenden ideas tales como que el mercado es capaz de regularse a sí mismo y que por ende el rol del Estado debe disminuirse lo más posible, evitando intervenir con sus regulaciones sobre las propuestas privadas.

A partir de ello, es posible afirmar que esta doctrina se ha esparcido lo suficiente en nuestra sociedad como para ser defendida por una gran porción de ella; sin ir más lejos, el gobierno actual llegó al poder merced a la defensa explícita de la idea al respecto de la retracción de la presencia del Estado.

Claro que el liberalismo no sólo se puede observar en cuanto al debate sobre el rol estatal, si no que también en las prácticas económicas más cotidianas, como lo es bregar por la competencia de marcas o negocios a fin de que los precios disminuyan en función de ello.

Ahora bien, toda esta teoría supuestamente tan enraizada, defendida y al mismo tiempo atacada se ve movilizada por la irrupción de la aplicación Uber que, siendo un emergente del neoliberalismo, pareciera poner en jaque a los defensores de las libertades individuales, subvirtiendo incluso la relación entre lo colectivo y el emprendimiento individual. ¿A qué nos referimos con esto?

Sin lugar a dudas quienes se sienten más afectados por su utilización son los taxistas quienes ven en esta aplicación una competencia desleal, ya que los conductores Uber no estarían regidos por las mismas regulaciones a las que ellos han de someterse con lo cual, entre otras cosas, el precio del servicio sería considerablemente menor. Pero entonces ¿cuál es la propuesta individual a respetar? ¿La de Uber y su comunidad de sujetos independientes o la del taxista y su gremio?

Lo paradójico de toda esta situación es que en una sociedad que defiende a ultranza el libre mercado y exige el corrimiento del Estado, cuando llega un emprendimiento que aplica totalmente con estos supuestos se le busca prohibir a través de, precisamente, regulaciones estatales. Entonces la pregunta es ¿hasta qué momento el liberalismo es "bueno"? ¿Por qué pretendemos que sea benéfico para nosotros pero que no permita al mismo tiempo una competencia que nos destruya? Pareciera entonces como si ciertos sectores quisieran sólo gozar de sus beneficios olvidando su contratara.

No obstante, esta es la polémica que se desata con este tipo de emprendimientos que, mediando o no dinero, aún dentro del paradigma liberal, recurren a una idea de comunidad de individuos no organizados gubernamentalmente en detrimento de los intereses individuales privados. Puede observarse esto por ejemplo en el caso de las descargas de contenidos por "torrent".

Aquí se comparten gratuitamente contenidos entre miles de usuarios sin otro ánimo que el de acceder a contenido e información y facilitarlo a otros sujetos. Claro que la polémica surge porque ese contenido ha sido producido por un otro con fines de lucro y que no ha permitido explícitamente tal uso.

Sin embargo, ¿no es parte de la ley del mercado aceptar y favorecer el libre intercambio de bienes? Es en este resquicio donde se recurre nuevamente a la figura del Estado, tal cómo lo hacen los taxistas afectados quienes imploran por una prohibición total a Uber.

De esta manera pareciera que el conservador se vuelve progresista al atacar a Uber y el progresista conservador al defenderlo ya que atentar contra las fuentes legítimas de trabajo de cientos de choferes de taxi. ¿O será al revés?

Sin lugar a dudas la problemática sobre las nuevas formas de comercio e intercambio de vienes no podrá clausurarse prohibiciones más prohibiciones menos. ¿Es legítimo lo que propone Uber? ¿Es legítimo el reclamo de los taxistas?

La discusión podrá ser eterna, pero lo importante quizás radique en cómo se logran vislumbrar ciertos puntos débiles del liberalismo económico, aquel que muchos han abrazado con fervor y que hoy les muestra su peor rostro.