Federico Mana
Federico Mana
¿Por qué los humanos tenemos esta tendencia a ocultar? ¿Por qué nos atrae aquello envuelto en un velo de misterio?

Ocultar, esconder, permanecer en lo oscuro; actos a los que la humanidad se ha acostumbrado ya sea para preservar su vida y sus bienes o para no dejar a la luz intenciones dañinas hacia los otros. Pero ¿por qué los humanos tenemos esta tendencia a ocultar? ¿Por qué nos atrae aquello envuelto en un velo de misterio?

Todos desde niños hemos experimentado ese placer por intentar conocer lo oscuro, lo misterioso, aquello que nuestros padres nos han prohibido ver. ¿Cuántas obras artísticas han basado sus argumentos en la curiosidad de los personajes al momento de enfrentarse a lo oculto? Podremos temerle a la oscuridad, desconfiar de los misterios o elegir no optar por lo escondido, pero lo cierto es que su atractivo permanece latente aún cuando deseemos rechazarlo con todas nuestras fuerzas.

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Pero, ¿qué es ocultar? O mejor dicho, ¿cuándo necesitamos ocultar algo? Vale aquí recurrir a un término griego que nos puede colaborar a pensar estas cuestiones, el mismo es "aletheia". Si nos guiáramos por su traducción al español debemos mencionar al mismo como "verdad" pero lo llamativo es que, literalmente, esta palabra hace referencia al des-ocultamiento, a quitar el velo que impide a nuestros ojos ver las cosas tal como son. Entonces si lo develado es lo verdadero, lo que es, en el plano de la falsedad se encontrarán todas aquellas cosas que se encuentren tapadas por este mentiroso velo del misterio.

Todos desde niños hemos experimentado ese placer por intentar conocer lo oscuro

En los últimos días, los Panama Papers fueron el centro de las noticias, y más allá del contenido de los mismos, resulta interesante detenerse en el núcleo del acontecimiento: el acto de ocultar algo, de correr un velo sobre una situación (en este caso fondos pecuniarios) para que el resto no pueda acceder a él, visto este mecanismo como una especie de solución para no tener que dar cuenta de las actividades propias. Constituir una off shore, abrir un perfil de Facebook con nombre falso o enviarle a alguien que se está conociendo una imagen distorsionada de sí mismo son, en definitiva, consecuencias de aplicar un mismo principio: el de pretender gozar de los "beneficios" y la impunidad del anonimato.

Claro que en este punto se abre una discusión que gira en rededor del derecho o no al secreto, a mantener la privacidad e incluso la intimidad. ¿Hasta dónde es preservar lo propio y hasta dónde caer en el plano de la mentira o el ocultamiento? Por supuesto que no existe una respuesta definitiva para esta cuestión, porque habrá una para cada caso; sin embargo podemos vislumbrar que debiera existir un límite entre el secreto de lo que no se quiere decir y el deseo de dejar en la oscuridad aquello que no se "puede" decir.

Así entonces, la oscuridad, ese concepto que no goza del mejor de los prestigios pero que elegimos a diario para desarrollar buena parte de nuestra vida, se presenta como un refugio ideal, como un verdadero paraíso para aquellos a quienes la aletheia no les resulta conveniente. Aquí podemos acudir a ejemplos de la cultura popular como lo son las películas de Harry Potter o Star Wars. En el caso de la historia del mago que asiste a una escuela para hechiceros, se ve patente en la figura de la "Sala de los Menesteres", aquel espacio mágico que emergía sólo ante la necesidad de quien pasaba por su puerta y se ofrecía como el lugar indicado para solucionar sus asuntos, sean estos conformar una sociedad secreta de estudiantes o guardar todo tipo objetos de la mirada de los otros (si a Hogwarts hubieran ido financistas y empresarios claramente se le hubiese llamado "paraíso fiscal" a este lugar).

En Star Wars lo oscuro ya no se presenta tan pintorezco, si no más bien como el lado malvado de la "fuerza", aquel que empuja a los seres a creerse superior de lo que son y a entregar sus almas al vicio del poder sin límites. De hecho, vemos en los episodios I, II y III cómo el encanto de las tinieblas rodea a Anakin Skywalker hasta fagocitarlo en sus entrañas, atraído este por el miedo no sólo a perder a sus seres queridos si no, principalmente, a mostrarse débil y temeroso; una vez más, el encanto de lo oscuro radica en posicionarse como el emplazamiento perfecto para velar lo que no se puede mostrar.

¿Hasta dónde es preservar lo propio y hasta dónde caer en el plano de la mentira o el ocultamiento?

Por todo ello, ¿debemos combatir la oscuridad o aprender a convivir con ella? ¿Esconder es un derecho de todos a defender o un privilegio de pocos a combatir? Volvamos para finalizar al concepto de verdad como descubrimiento; en este juego de pares dicotómicos parecería manifestarse entonces como la luz que rompe con las tinieblas para mostrar las cosas tales como son. Pero aquí, en este develar, quizá se presente el principal problema: tal vez no se trate sólo de encontrar lo que estaba escondido, si no más bien de resolver qué hacer con ello una vez que se descubrió. Las opciones parecieran ser dos, o sea lo acepta y se toma acciones conformes al mismo o se buscan nuevos mecanismos para su ocultamiento; todo indicaría que es esta la discusión que se emprende hoy en día...