Federico Mana
Federico Mana

La campaña publicitaria generada por UBER a partir de su desembarco en la ciudad de Buenos Aires y como forma de contraatacar los reclamos de los taxistas nos invita a pensar al respecto de qué es la libertad y si esta se agota en el derecho a elegir.

La pregunta por la libertad acompaña a la humanidad desde hace cientos de años; entendida en principio como la capacidad de selección sin restricciones (o con la menor cantidad posible) entre varias opciones, lo cierto es que al día de hoy sigue abriendo discusiones en torno a cómo se da esta capacidad, qué tipo de restricciones se nos presentan y cómo es que el contexto social y nuestras condiciones orgánicas intervienen en ella.

No obstante todos los debates que se puedan perpetrar, por lo general manejamos un concepto de "libertad" bastante llano al cual se alude en reiteradas ocasiones en la actualidad y, más que nada, desde el campo de lo publicitario.

Sin ir más lejos, la aplicación UBER recurrió a el como parte de su campaña de viralización de la marca, aquella que también incluye la publicidad no tradicional de generar una controversia social para aparecer en todos los medios a través de los rechazos de taxistas que no han hecho más que dar a conocer masivamente el producto, basándose en la idea del "derecho a elegir" y posicionándose a sí misma entonces como un producto de consumo que viene a expandir los límites de nuestra libertad.

De hecho, esto último ha sido un rasgo característico del sistema liberal-consumista: presentar al acto de comprar o adquirir un producto como una práctica eminentemente autónoma en donde la libertad se encuentra en su máxima expresión al momento de contar con la mayor cantidad de opciones para elegir. Es más, tan profundo ha calado esta idea que hasta podemos llegar a afirmar que en la actualidad pesa más esta definición del término que cualquier otra que se haya ensayado en la historia.

Pero ¿en esto se reduce ser libre, en tener la oportunidad de disponer de varias marcas para consumir? ¿Y qué sucede con el derecho a no comprar? Al parecer, esta supuesta libertad que tanto defiende el neoliberalismo no admite la elección de no aceptar sus bases y condiciones ni tampoco aceptar la renuncia como consecuencia de la elección. De esta forma se configura una "libertad edulcorada" ya que se reduce este término a la cuestión meramente consumista, soslayando otras posibilidades (las que atentan contra ese sistema) y proponiendo falsamente la opción de elegir todo lo posible.

Es que podemos afirmar desde el pensamiento del filósofo francés Jean Paul Sartre que elegir es renunciar, ya que cuando uno selecciona una opción, tiende a negar a las otras, circunstancia imposible de evadir y que claramente lleva a una angustia existencial. Sin embargo, dentro de esta definición "light" del concepto nos creemos que podemos evitar tal renuncia y elegir todo lo posible ya que lo elegido resulta ser efímero y pasajero.

Ahora bien, otra de las problemáticas negadas por esta percepción comercial del término aquí referido es la cuestión al respecto de los límites de libertad. ¿Existen los límites o los mismos niegan intrínsecamente este concepto? La falsa idea que nos presenta la publicidad es que no hay fronteras, de que todo puede ser elegido y que allí donde llegue el deseo allí llegará nuestra libertad ¿Y qué sucede con los derechos de los otros? ¿Qué ocurre con nuestras fronteras biológicas?

Por caso, el filósofo medieval san Agustín distinguía entre el libre albedrío como posibilidad de elección y la libertad en sí misma que era la capacidad de elegir el bien ya que elegir un mal no era más que esclavizarse. Para el de Hipona este bien era aquello que era conforme a la gracia divina ¿Y para nuestra sociedad? ¿Cuál será el bien a elegir para ser considerados "libres"? ¿Usar UBER? ¿Comprar determinada bebida? ¿Manejar tal marca de automóviles?

Así pues, podemos intentar una definición más global de la libertad que no sólo incluya el derecho a elegir, si no también el conocimiento profundo de las elecciones y la inteligencia para tomar la decisión que será más acorde conforme a las necesidades propias y el contexto en el cual uno se desenvuelve.

No obstante, podemos entender que ni esta definición, ni otra mucho más desarrollada va a acabar con la discusión filosófica acerca de qué es ser libre, aunque quizás no se trate de encontrar ese definición última sino, más que nada, intentar romper con la libertad edulcorada que se no quiere imponer día tras día.