A menos de 24 horas de su visita a la isla griega de Lesbos, de donde regresó en su avión con 12 refugiados sirios a los que hospedará en el Vaticano, el papa Francisco aseguró este domingo que "los gestos y las palabras van de la mano".
"Sean misericordiosos. La palabra y el ejemplo van juntos", les aseguró el Pontífice a 11 diáconos que ordenó en la Basílica de San Pedro, horas después de su histórico viaje a la isla helénica de la que volvió con tres familias sirias musulmanas cuyas casas habían sido bombardeadas en la guerra que devasta su país desde hace más de cinco años.

Tras la ordenación de los diáconos, el Pontífice recordó su viaje a Lesbos durante el Regina Coeli -que durante abril sustituye al tradicional Ángelus dominical- y destacó el "dolor" que vio en su visita al campo de refugiados devenido en centro de detención en Moria.

"He visto tanto dolor"
, reflexionó el Pontífice y recordó su visita a "uno de los campos de refugiados que venían de Irak, Afganistán, Siria, de África, de tantos países ... Nos dieron la bienvenida cerca de 300 de estos refugiados, que saludamos uno por uno".

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"Muchos de ellos eran niños; algunos de ellos han sido testigos de la muerte de sus padres y de sus compañeros, algunos ahogados en el mar. ¡Vi tanto dolor!", afirmó Francisco en una plaza San pedro repleta al recordar el viaje, en el que participó Télam.

"Y quiero decir algo acerca de un caso particular, un hombre joven, no más de 40 años. Lo conocí ayer, con sus dos hijos. Él es musulmán y él me dijo que estaba casado con una mujer cristiana, se amaban y respetaban entre sí. Pero, por desgracia esta chica fue degollada por los terroristas porque se negó a negar a Cristo y abandonar su fe. ¡Es una mártir! ¡Y el hombre lloraba tanto", lamentó el Pontífice.

Desde principio del año pasado, más de 1,2 millones de refugiados de Medio Oriente y África se lanzaron en peligrosos y costosos viajes para escapar definitivamente de la guerra, la violencia y la pobreza estructural, y buscar refugio en Europa.

El año pasado Alemania y algunos países nórdicos recibieron a cientos de miles de refugiados, pero desde entonces, uno a uno, los gobiernos de la región de los Balcanes y del centro y norte de Europa -por donde transitaban los recién llegados- fueron cerrando sus fronteras y ahora los que llegan quedan atrapados en Grecia, en campos como los de Moria.