Las muertes en la Time Warp abrieron un sinfín de especulaciones en torno a la relación entre las fiestas de música electrónica y el consumo de drogas de diseño ¿Acaso motiva este tipo de música la ingesta de sustancias? ¿Es música la electrónica? ¿Por qué buscamos la alienación?

Pareciera imposible comenzar cualquier tipo de reflexión filosófica alrededor del concepto de "alienación" sin recurrir al pensamiento de Karl Marx quien, sin haber incorporado este término a la historia de la filosofía, fue por demás preciso al hacer un análisis de su contexto social y vislumbrar el sufrimiento de los trabajadores a partir de la enajenación o alienación perpetrada a la hora de trabajar.

Pero ¿qué significa este concepto? Proveniente del latín "alienare", la palabra hace referencia al acto de sacar afuera, de ser ajeno. Marx al señalar la alienación de los obreros tenía por objetivo afirmar que los mismos sufrían una pérdida de sí mismos, se veían ajenos al realizar la tarea más propia del ser humano ya que el producto de su trabajo era para beneficio de sus patrones explotadores.

Podemos por ello entender desde aquí que alienarse es irse de sí mismo, ya sea por un factor externo que nos hace perder nuestra identidad o por algún factor interno que tenga que ver con la búsqueda voluntaria de esta salida. Así pues encontramos que nuestra sociedad es una sociedad alienada no sólo por la explotación laboral a la cual se ven sometidos muchos de sus miembros, si no también por la particular búsqueda de muchos de encontrar una o más experiencias que lo ayuden a evadirse de su situación presente, a escapar de su condición humana.

¿Cuántas experiencias alienantes hemos vivenciado? Quizás una primera impresión nos lleve a pensar que sólo entran dentro de esta categoría el consumo de sustancias como la droga y el alcohol que nos llevan a perder la noción del tiempo o, al menos, nos desinhiben lo suficiente como para no estar tan conectados a nuestras preocupaciones. No obstante, este tipo de experiencias no se reducen a este tipo de consumo, ya que cualquier práctica que pretenda servir para la evasión del presente ya puede ser considera como enajenante, sea esto aturdirse con la música, abstraerse al irse de shopping, pasar horas frente al televisor o estar conectados al celular durante una gran cantidad de tiempo.

Es aquí entonces donde podemos comenzar a abordar la cuestión de las fiestas electrónicas. Pareciera que el fin último de las mismas es constituir un espacio de alienación dado por la sincronización del cuerpo y sus movimientos con el pulso constante y repetitivo de este tipo de música, "anestesiando" la mente de manera tal que sólo esté presente en esa experiencia. Por supuesto que este análisis parcial podría llevarnos a pensar que entonces prácticamente no existe un sentido ulterior en este tipo de fiestas ¿pero acaso no es esta la búsqueda primigenia de la música, la de alienarnos en función de nuestra identificación con el ritmo?

Hay quienes se atreven a decir que es la propia música electrónica la que favorece el consumo de drogas que permiten que esta sincronización se vuelva más experiencial y enajenante o están también quienes sostienen que ni siquiera puede ser considerada como "música". Pero primero ¿puede un ritmo propiciar la ingesta de sustancias tóxicas o es el contexto social de consumismo a ultranza y estímulos permanentes el que nos invita a ir siempre en búsqueda de romper las barreras de la excitación? Y segundo, ¿cómo considerar qué es música y qué no? ¿Cómo constituir un marco objetivo para lograrlo?

Como en toda discusión cuando se pretende resolver rápida y acríticamente, solemos caer en falacias o errores discursivos por guiarnos por un "sentido común" generalizado, hecho que por ejemplo no nos permite observar que el consumo de drogas en las fiestas electrónicas no es un hecho aislado ni retro-alimentado, sino otra de las tantas consecuencias de vivir en una sociedad que invita todo el tiempo a evadirse y perderse de sí mismo para no hacernos responsables de nuestra propia vida ni tampoco reflexionar sobre lo mal que estamos viviendo. No obstante pareciera más fácil decir que todo es culpa de un ritmo, que nos puede gustar o no, antes que aceptar que es este sistema que legitimamos cada día el responsable de que hayan fallecido tantos chicos en Costa Salguero.

Así pues ¿desde dónde podemos señalar a los aliens? ¿Acaso nosotros no lo somos también? ¿Por qué nuestras formas de alienación son más válidas y aceptables que las de los otros? Como se muestra en las películas de temática extraterrestre, el alien siempre es el otro extraño, aquel del cual hay que sospechar y, si es posible, combatir... Tal vez sea hora de dejar de dispararle al cielo para percatarnos que los alienados no sólo son los otros si no también nosotros mismos, sea que escuchemos rock, cumbia o folclore.