Quiso interactuar con el animal y terminó cubierto de saliva, aunque no es lo peor que le podría haber pasado. Puro amor, pero para disfrutar con cuidado.
Jimbo es un oso pardo de 680 kilos que vive en un santuario de Otisville, en Nueva York, Estados Unidos. Entre las muchas visitas diarias que recibe en su hogar, el animal se hace un hueco en la agenda para jugar con Jim, su cuidador.

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Sin embargo, un oso nunca deja de ser un animal un poco tosco, ni siquiera aunque sea puro amor, por eso es mejor tener cuidado con sus abrazos, tal como lo comprobó Jim, que terminó con la cabeza en las fauces de Jimbo.

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