Federico Mana
Federico Mana
La ola de frío que azotó a varias zonas del país durante los últimos días propició la queja constante debido al sufrimiento de las bajas temperaturas, hecho que nos lleva a preguntarnos por la relevancia de este acto y a su relación con otras formas de manifestar nuestro repudio.

Sin lugar a dudas la queja es un acto que hemos incorporado a nuestras vidas prácticamente sin darnos cuenta. Día tras día soltamos un sinfín de reclamos al aire que no tienen otro objetivo más que el de manifestar nuestra disconformidad con la realidad que nos circunda, aún cuando nuestras palabras no se vean seguidas de algún acto que busque remediar la situación repudiada. Un claro ejemplo de esto han sido las múltiples quejas que se han oído o leído en redes sociales al respecto del perturbador frío que hizo en gran parte del país, quejas que sólo han buscado expresar el descontento con una situación imposible de modificar.

Ahora bien, más allá de este ejemplo trivial, encontramos una gran expansión de esta práctica que es capaz de atravesar cualquiera de los ámbitos existentes: política, religión, deporte, arte y un largo etcétera más. Pero ¿por qué nos quejamos? ¿Acaso sirve de algo? Una primera respuesta simple dirá que nos quejamos porque podemos hacerlo, porque somos libres de emitir las opiniones que deseemos y que si bien no servirá como medio para la transformación de la realidad, al menos expelemos el malestar interno que nos ocasiona aquello que provoca nuestra queja.

Pero ¿por qué nos quejamos? ¿Acaso sirve de algo?

Sin embargo podemos observar que aquellos quienes hacen de la queja un modo de vida por lo general parecieran tener una existencia un tanto "amargada" y al mismo tiempo pasiva, ya que no son capaces de llevar sus palabras de indignación al plano de la acción, encerrándose así en un círculo donde la disconformidad da paso a la manifestación de la misma, generándose una frustración por la impotencia provocada por la inacción lo que da lugar a un nuevo reclamo. Visto desde esta perspectiva, entonces daría la sensación de que cualquier tipo de reclamo, queja o manifestación de repudio es ilegítimo si no va acompañado por un acto concreto ¿Será así?

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Pasemos pues del ejemplo del frío y centrémonos en la marcha de las tres CGT y las dos CTA del día viernes 29 de abril o pensemos en cualquier otra manifestación popular de este tipo ¿Deben entrar dentro del marco de la queja improductiva? ¿Acaso no significan algo más? Al parecer cuando el reclamo tiene una base sólida, se vuelve multitudinario y/o posee una búsqueda ulterior de justicia, ya no puede ser considerado una expresión de inacción, sino más bien una protesta legítima en donde se reclaman ciertas condiciones que se consideran necesarias. Es decir, aquí el acto mismo de movilizarse en función de un reclamo constituye el acto del cual carece la queja inconducente señalada con anterioridad.

La auto-inspección a través de la reflexión sobre sí mismo se vuelve fundamental

Así entonces notamos que cuando la queja se vuelve crónica en nuestras vidas no nos lleva más que a volvernos seres negativos, continuamente frustrados y amargados por una realidad que no cumple con nuestras satisfacciones, "renegando" ante todo lo que no se da según nuestros deseos, pero atados para realizar cualquier tipo de acción que vaya en consonancia con resolver alguno de los problemas que nos aquejan. De todas formas, no hay que confundir este verdadero estilo de vida con el correcto señalamiento de una injusticia o una situación anómala que será el puntapié inicial para dar lugar a una práctica concreta a un reclamo en vistas a modificar y transformar el contexto en el cual nos encontramos.

En este sentido, la gran pregunta que se nos presenta es cómo salir de la queja reiterada para pasar al plano de la acción o, al menos, de la no disconformidad constante. Es aquí donde la auto-inspección a través de la reflexión sobre sí mismo se vuelve fundamental; encontrar maneras de visualizar cuánto nos quejamos por día y para qué lo hemos hecho tal vez pueda ser una buena forma de ir saliendo de este círculo que nos agobia y nos oprime. Prestarnos atención a nosotros mismos quizás sea el camino, porque de otro modo seguiremos quejándonos del frío atroz, del aumento del gas y del clima de nuestra ciudad pero olvidando ponernos el abrigo necesario cada vez que salimos a la calle...