Para el juez Sebastián Casanello, Víctor Alejandro Stinfale "ocupaba el lugar más encumbrado de la organización que llevó adelante el evento y dominaba los acontecimientos" ocurridos en el complejo Costa Salguero donde fallecieron cinco jóvenes por la ingesta de pastillas estupefacientes.

Para el juez Sebastián Casanello, fue a través de Erica Troilo –empleada de su confianza- que garantizó su presencia, pues fue ella quien se encargó de auditar el devenir del evento.

Por debajo suyo, Adrián Leonardo Conci –como presidente de la empresa Dell Producciones-, Maximiliano Nahuel Ávila –apoderado de la empresa- y Carlos María Garat –representante de la firma-, "se colocaron en posición de garante frente el evento para ejercer su completo dominio, a través de la tramitación del permiso estatal por el cual se comprometían a llevarlo a cabo bajo ciertos requisitos de habilitación "que fueron completamente burlados".

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Ávila se encontró a cargo de los trámites correspondientes a la administración –además de participar de la puesta en marcha y desarrollo del evento-, mientras que Garat, aprovechando su conocimiento en el campo de la seguridad –es ex miembro de la marina- hizo nexo con la Prefectura Naval Argentina y con la empresa de seguridad SISEG.


La organización de lo que fue la seguridad privada del evento se distribuyó entre Garat y Carlos Miguel Nicodemo Penise, alias "Chino". Este último, junto a su staff, en un plano ajeno a los papeles pero no menos trascendental, "controló el acceso al evento y, con ello, el ingreso de sustancias estupefacientes".

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Además Penise "tuvo la posesión y custodia de aquellos que supuestamente fueron descartados por el público al ingresar y fue quién hizo entrega a la Prefectura Naval, de modo absolutamente informal, de una bolsa de consorcio que contenía parte o la totalidad de ese material estupefaciente "secuestrado"".


Por último, Martín Patricio Gontad, quien mantiene desde hace años una relación laboral con Dell Producciones, se encontró a cargo de la parte artística del evento y realizó los trámites necesarios para traer al país la marca alemana "Time Warp" que le dio nombre.

El juez destacó que los sucesos acontecidos en la "fiesta" "Time Warp" "no fueron el producto de circunstancias aleatorias, sino de una minuciosa planificación por parte de una organización que –empezando por suministrar un marco para el tráfico y consumo de sustancias prohibidas- generó un desmedido aumento del riesgo que produjo los trágicos resultados; pues, en definitiva, era la creación de un ámbito de exclusión en el lugar lo que generaba el negocio en sí".

Comercialización y consumo

"No sólo se promovió la comercialización y el consumo de estupefacientes –lo que de por sí tornó irrisorias las medidas de seguridad contempladas para un simple espectáculo de diversión con venta de bebidas alcohólicas a mayores de edad-, sino que también se burló deliberadamente la capacidad máxima de asistentes al evento –e incluso, como quedó brutalmente plasmado en las conversaciones de whatsapp, se festejó esa circunstancia- y ello provocó hacinamiento y sofocación entre la concurrencia, que quedó en un estado de vulnerabilidad y desamparo absoluto", sostuvo el juez.

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"Ambas circunstancias, drogas sintéticas y hacinamiento, más una tercera: la escasez de agua, crearon un clima propicio para desencadenar el resultado trágico", agregó Casanello.