Mauro Szeta
Mauro Szeta
Fue un plan detallado. El asesino estaba al acecho, escondido en las redes sociales. Esperó paciente y encontró lo que buscaba. Su víctima, su presa de la cacería fue Micaela, una nena de 12 años que aparecía vulnerable por las típicas peleas de familia.

En ese contexto el criminal talló su trama siniestra. Se hizo pasar por mujer, se mostró contenedor y de a poco, en un "trabajo", sin pausa vulneró tanto a Micaela que la hizo salir de su casa.
Y Micaela salió. Y caminó con su mochila rosa, al lado de un hombre que se mostraba amigable. Ese hombre iba a ser ni más, ni menos, el asesino.
La sospecha es que ese hombre, el propio Jonathan Luna pasó a buscar a la nena como parte del plan el que le prometía contactarla con la mujer con la venía chateando.
Los videos la muestran a la nena caminando como si nada, a la par del chacal, sin saber qué su destino era la muerte.

De arranque los investigadores contaban con una carta de despedida de la nena donde decía que se iba por unos días para no confrontar más en su casa.

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Así las cosas, el fiscal de Bahía Blanca Rodolfo De Lucía supo con el paso de los días que la clave estaba en las redes sociales. Primero determinaron que la nena de 12 años tenía cinco perfiles de Facebook y unos 500 contactos abiertos. Ahí estaba la médula del caso.

Con el aporte de EE.UU, se llegó al perfil del acusado y se detectaron mensajes cruzados con la nena desde marzo.

Entonces se allanó la casa del acusado en cercanías de Bahía Blanca
y se encontró el celular de la nena, una campera y una planchita de pelo.

El acusado se autoincriminó y terminó admitiendo: "Le robé y le pegué". Acto seguido, el cuerpo de la nena apareció a unos 20 kilómetros de su casa.

Más tarde se determinó que Luna había quemado la campera con la que se lo veía el video. Más tarde se supo también que el acusado tenía antecedentes penales en Río Negro.

Más tarde también se supo el dato que agranda la perversión de este asesino. Cuando la policía rastrilló días atrás su casa, le tocaron timbre. Atendió la novia. Desde adentro, tranquilo y confiado de que nunca lo iban a atrapar y con el cuerpo de Micaela ya descartado a unos 20 kilómetros, Luna sonrío y dijo: "Acá no hay nada. Si nos enteremos de algo avisamos al 911". Cerró la puerta y se tiró a dormir. Su novia, por el momento es sólo testigo. Algunos investigadores dudan de ella.

Si la ley se cumple a Luna lo esperan 25 años de prisión. Eso sí, si la ley se cumple.