Se trata de un grupo delictivo que operaba en Roca, Río Negro y que tenía su base en Cipoletti. Se los detuvo a partir de escuchas telefónicas, en las que usaban códigos del fútbol para marcar objetivos y a los integrantes que participarían de cada golpe.
La investigación para desbaratar la banda de los boqueteros y entraderas que actuaba en la región de Río Negro se apoyó en gran medida en las escuchas teléfonicas, que permitieron descubrir los códigos que usaban para hablar de los objetivos y los integrantes del grupo que participaría en cada atraco.

Además se comprobó que tenía su base de operaciones en Cipolletti, que estaba muy organizada y contaba con una gran cantidad de recursos para seguir los movimientos policiales y poder actuar con tranquilidad. Otra de las características es la violencia con la que trataban a sus víctimas, en muchos casos, personas mayores.

Con el paso de las horas fueron apareciendo detalles de la investigación y cómo se llegó a conectar todos los hechos delictivos que se estaban cometiendo en la región, en los que participaban casi siempre los mismos ladrones, comandados por un líder: José Forno, ex empleado judicial, que está detenido y también es investigado por unas 40 estafas dentro del Poder Judicial.

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La banda no sólo se dedicaba a dar golpes con la modalidad de boqueteros, sino que además realizaba entraderas en viviendas particulares, y en todos los casos sus integrantes se desenvolvían con mucha violencia.

Incluso algunos de ellos actuaban bajo el efecto de drogas, y precisamente eso fue motivo de discusiones internas en el grupo, ante el riesgo de que algún golpe saliera mal.

"Decile al jefe que a este vago no lo mande más... viene dado vuelta, es un peligro. Yo también me drogo, pero cuando venimos a 'jugar' tenemos que estar bien", le recriminó uno de los integrantes de la banda a otro, de segunda línea, tras un robo en Cipolletti, en el que asaltaron y golpearon a un matrimonio mayor.

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La banda, según publica el sitio rionegro.com gozaba de un alto nivel de organización, ya que su jefe se dedicaba exclusivamente a pensar los golpes y supervisar que todo saliera bien. Pero dejaron demasiadas pistas en sus comunicaciones telefónicas y también en el intercambio de chips de supuestas víctimas, que en realidad eran cómplices, como una empleada doméstica que aportó datos para uno de los golpes más grandes.

Entre ellos se decían "jugadores" y hablaban de los lugares donde iban a cometer atracos como "la cancha". "Hoy jugamos", era una frase repetida en la previa a cada robo.

La gran cantidad de integrantes de la organización (hay 18 personas investigadas) les permitía tener un amplio conocimiento de posibles objetivos.

Además muchos de ellos contaban con conocimientos para desactivar y anular sistemas de seguridad y cámaras, lo que les facilitaba el trabajo.