Leandro Espinosa, de 19 años, fue uno de los cinco jóvenes que peleó por su vida después de la fiesta de Costa Salguero en la que murieron otros cinco chicos. "Volvería a ir a una fiesta electrónica porque amo esa música", aseguró.
Leandro Espinosa tiene 19 años y hace poco más de un mes asegura que "volvió a nacer". Fue uno de los cinco jóvenes que fueron trasladados de urgencia de la Time Warp y peleó por su vida durante dos semanas, donde los pronósticos eran desalentadores.

"Su hijo está lleno de estupefacientes", le dijeron a Agustín, papá de Leandro, cuando lo encontró en el Hospital Fernández pasadas las 10 de la mañana del sábado 16 de abril.

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"El sábado me preparaba unos mates para ir a trabajar y vi en el noticiero lo de la fiesta. Eran más de las 10 y como Leandro no había vuelto fui a buscar a mi mujer que trabaja como ordenanza en un colegio cercano. Fue ella la que llamó al hospital y le confirmaron que 'Nano' estaba ahí", contó en una entrevista al diario La Nación.

"En las dos semanas que estuvo internado en coma farmacológico sufría unas convulsiones terribles, le saltaban los ojos y parecía un poseído. Hasta que de un tirón se levantó y rompió la camilla", señaló.

Agustín reconoce que por momentos temieron lo peor: "Nos decían que al quinto día los chicos mueren porque están consumidos por la droga. A la madre de Micaela Polivoy, a los dos días, le dijeron que su hija tenía el 90% de su cuerpo muerto. Cosas terribles", indica con una mezcla de bronca y dolor.

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Sin embargo, poco a poco Leandro se fue recuperando hasta que le dieron el alta. Todavía no sale de su casa para poder recuperar los 12 kilos que perdió en la internación mientras toma una medicación y sesiones de rehabilitación.

Sin titubear, Leandro asegura que "volvería a ir a una fiesta electrónica, amo esa música. Fui a tantas y nunca me pasó nada...".

Su padre no lo cuestiona y reitera lo que le planteó a las autoridades del Gobierno de la ciudad: "No creo que se tengan que prohibir las fiestas. Lo importante es que los chicos puedan ir con la seguridad de que no les va a pasar nada, que puedan ir tranquilos a divertirse".

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Además, insiste en no estigmatizar a los jóvenes que asistieron. "Todos fuimos jóvenes y nos mandamos macanas. No es justo echarles la culpa", razona.