El Papa participó del seminario sobre Trata de Personas y Crimen Orgnizado que se lleva a cabo en El Vaticano y del que participan Lorenzetti, Servini de Cubría y Casanello, entre otros magistrados argentinos. Ratificó el rechazo de la Iglesia a la pena de muerte.
El Papa Francisco participó este viernes de un seminario sobre Trata de Personas y Crimen Organizado del que participan jueces de distintas partes del mundo. Frente a un nutrido auditorio en el que se encontraban Ricardo Lorenzetti, María Romilda Servini de Cubría y Sebastián Casanello, entre otros magistrados argentinos, Francisco les pidió "que se defiendan de caer en la telaraña de las corrupciones".

En su mensaje ante jueces procedentes de todas partes del mundo, el Papa recalcó que "al hacer justicia no debemos pretendemos que se busque el castigo por el castigo mismo. Las penalidades deben ser dadas la reeducación de modo que se les pueda abrir la esperanza de la reinserción en la sociedad. No hay pena válida sin esperanza, una pena clausurada en sí misma es una tortura, no es una pena".

Francisco ratificó en ese sentido la postura de la Iglesia en contra de la pena de muerte y bromeó sobre el comentario que le realizó una vez un teólogo. "Me decía un teólogo hace un tiempo que en la concepción medieval la pena de muerte mantenía abierta una esperanza porque se lo entregaban a Dios. Pero los tiempos han cambiado".

Y siguió: "Esta delicada conjunción entre justicia y misericordia vale para los responsables de los crímenes, pero esto también vale sobre todo para las víctimas. Los jueces están llamados a poner gran atención en las necesidades de las víctimas. Ellas son las primeras que deben ser reintegradas en la sociedad y por eso se debe perseguir a los traficantes. No vale ese viejo adagio de 'son cosas que han existido desde siempre'".

El Papa resaltó además una impresión nacida de la experiencia personal. "Siempre que viajo visito cárceles. He visitado muchas cárceles. Y he visto que las cárceles cuyo director es una mujer van mejor que aquellas cuyo director es un hombre. Es curioso. No sé cuál es la razón. Pareciera que la mujer tiene en esto de la reinserción un osfalto especial, un tacto especial".

E insistió: "El trabajo no termina en la sentencia, sino en el acompañamiento, crecimiento, reinserción de la víctima y de victimario".

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