Federico Mana
Federico Mana

La iniciativa que salió a la luz en estos días respecto a la posibilidad de que existan en el subte vagones exclusivos para mujeres a fin de evitar los acosos sexuales, nos abre la posibilidad de pensar los conflictos inherentes a la hora de proponer soluciones efectivas y reales a los problemas que nos aquejan.

Establecer una solución, esto es, una práctica que busque resolver de manera eficaz una situación problemática, se sabe no es una tarea particularmente sencilla. Idealmente se pretende que la medida a tomar sea capaz de disolver el conflicto, de generar una acción de cambio y, además, que respete la búsqueda del beneficio de la mayoría de las personas comprometidas en el contexto en el cual se aplique la solución. No obstante, podemos llegar a reconocer que la resolución ideal pocas veces es posible de lograr, por lo que nos "conformamos" con otros tipos de soluciones más terrenales pero al mismo tiempo no tan completas.

Es en este punto pues donde emerge el conflicto filosófico entre el pragmatismo y la deontología, entre poner énfasis en el resultado obtenido o establecer la prioridad en si la intención que motivó el acto fue conforme al deber... en términos futbolísticos, resultadismo o buen juego.

Ahora bien, para determinar un procedimiento que dé cuenta de una situación conflictiva, lo primero y fundamental que debe hacerse es determinar el problema a resolver, qué es lo que sucede, por qué sucede y qué modificación se busca con la acción a tomar. Focalicemos pues en los acosos que se suceden a diario en los subtes de Capital Federal, en donde algunos hombres ejercen clara violencia contra las mujeres al manosearlas, rozarlas y otras aberraciones. Ante esta situación, la diputada Graciela Ocaña propuso que funcionen vagones donde sólo puedan subir mujeres, para así evitar que cualquier hombre quiera propasarse con ellas, situación que, desde una visión completamente analítica, resolvería en el corto plazo el problema de los acosos.

Pero, ¿es estas una solución efectiva o simplemente una solución transitoria y hasta discriminadora? Las críticas que se han levantado contra esta propuesta versan sobre el hecho de que, indirectamente, se legitima el rol acosador del hombre, se lo toma como inmodificable y se obliga a la mujer a tomar acciones para no verse acosadas. Es decir, el pragmatismo de Ocaña se mostró tan extremo que puntualizó en el resultado sin pretender dar cuenta de los problemas de fondo.

Sin embargo, ¿no son estas las soluciones que se suelen proponer en muchas otras instancias? Intentemos extraer la forma lógica para ver su estructura. Supongamos que X es un problema que se repite en el tiempo y que no se logra resolver. Tenemos dos opciones: P, que pretende hacer hincapié sobre las condiciones de emergencia de X estableciendo acciones a largo plazo que podrían resolver el asunto pero en un tiempo posterior; y Q que plantea tomar una acción puntual que provoque una disminución instantánea de los síntomas de X, pero entendiendo que, nos guste o no, la situación de X es al corto y mediano plazo irremediable.

Si usted considera que P debiera ser la solución a tomar ante cada situación, podríamos catalogarle (con perdón de tal atrevimiento) como defensor de la deontología, ya que cree que hay valores que no se negocian a la hora de resolver los conflictos y que la única respuesta válida es la que aborda la totalidad del conflicto. Ahora, si por el contrario elegiría Q para la mayoría de las veces, entonces aboga por el pragmatismo, por buscar una solución que resuelva el conflicto atendiendo el bienestar de la mayoría, aún cuando haya que resignar ciertas cuestiones ideológicas.

Pero pese a todo esto, en filosofía (como en la vida) nada podría ser tan claro, porque el contexto histórico-social puede hacernos sostener que cada problema es un mundo en particular y para algunos valdrá más P y para otros más Q. Ante la temática del consumo de drogas por ejemplo, muchos sostienen que su legalización inmediata sería la mejor forma de resolver el asunto en el corto plazo, mientras que ante los acosos en los subtes, la opción Ocaña es totalmente inviable e inaceptable. ¿Por qué aceptar el hecho de los hombres acosadores? ¿No es una discriminación a la mujer que deban subirse a otro vagón para que no las toquen? Y si una mujer eligiera no subirse allí ¿estaría aceptando implícitamente que quiere ser acosada?

Entonces, ¿cuál es la mejor forma de solucionar todos nuestros problemas? ¿Esforzarnos por modificar las causas profundas de su emergencia aunque esto sea un proceso excesivamente lento o hacer hincapié en soluciones que mitiguen los daños de inmediato aunque se legitime el factor que causa el conflicto? Tal vez este sea otro conflicto más que nos pone en la tarea de tener que reflexionar cómo elegimos nuestras soluciones y en función de qué paradigmas lo hacemos.