Mauro Fernandes
Mauro Fernandes

Para Mercedes Echenique este viernes no será feriado. Ella, que tiene 18 años, juega al fútbol y vive en Villa Allende (Córdoba), viajará más de 40 kilómetros para darle unos botines a Tobías Rodríguez, el niño que armó una rifa para poder comprarse un par. Durante el recorrido, ella también conocerá a Dylan, el nene al que le regaló una camiseta de la Selección.

Mercedes Echenique (18) tenía unos botines de fútbol que aún no había usado y se acababa de enterar que, a veinte kilómetros de su casa, Tobías Rodríguez (10) empezaba a jugar en un club y armaba una rifa para poder comprarse un par. No lo dudó: fue hasta su dormitorio, los agarró y los metió en una bolsa. Se los dará este viernes, cuando viaje desde Villa Allende hasta la capital cordobesa para conocerlo. El sábado, él, que lleva la cinco, los podrá usar para marcar al enganche contrario en su segundo partido en Las Palmas.

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Cuando tiene la pelota, Mercedes -le dicen Mechu- piensa en el arco rival. Tobías tiene otra función: ayudar en la salida de su equipo, recuperar y distribuir. Cuando ella se acerca al área, busca imitar a Paulo Dybala, el goleador de la Juventus. Él, en cambio, mira cada movimiento de Rodrigo Burgos, el cinco de Talleres. Cuando a ella le preguntan por un equipo, habla de Belgrano; él, de la "T". También tienen puntos en común: son cordobeses y sus cuerpos están moldeados, a sol y sombra, por el fútbol.

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El número cuesta 10 pesos y el comprador tiene dos chances: de quedarse con el primer premio, se lleva una torta; de salir segundo, se asegura un fernet y una coca. Cuatro días antes de empezar a jugar en las inferiores de Las Palmas, el club cordobés que compite en el Federal B, Tobías armó una rifa para poder comprarse unos botines. Los ganadores se conocerán este viernes cuando estén los resultados del sorteo de la Lotería Nacional (nocturna).

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Suele llevar la 10 o la 21. Pero ahora Mechu, que dio sus primeros pases en el club Lasallano, jugó en la Academia Graieb & Migliori y fue la única mujer que se presentó -entre más de 200 jugadores- en la prueba que el Manchester City hizo en el estadio Mario Alberto Kempes, no entrena. No es por una lesión; tiene una meta: a siete meses de terminar la secundaria, estudia para conseguir una beca de fútbol en una universidad estadounidense.

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Desde hace diez días, juega en Las Palmas: lleva nueve horas de entrenamiento y un partido. Alberto, que hace "changas" como albañil, pintor o plomero, o Carina, que lleva cinco meses sin trabajo y recorre el barrio Güemes (en Córdoba capital) para vender tortas y empanadas, trasladan en una moto a Tobías, el varón más chico de los cinco hijos que tienen. La escena se repite los lunes, los miércoles y, a veces, los sábados. "El fútbol es su vida, pero le inculcamos que, además, estudie", dice Carina.

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"Historias que conmueven hoy en día", escribiría Mechu en su cuenta de Facebook. Lo haría 48 horas después de leer -en minutouno.com- que Tobías recorría las calles de su barrio para vender los números. Lo haría después de recordar que la historia de Tobías era similar a la de Dylan, el nene al que -29 días antes- le había dejado una camiseta de la Selección.

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Tres jugadores, una historia

No. Cuando habla, Mechu no puede dejar de nombrar a Tobías y Dylan. Las dos historias se juntan, se mezclan en su mente. Es razonable: los dos son cordobeses, tienen 10 años y juegan al fútbol. A los dos aún no los conoce.

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Se enteró que Isabel tenía un nieto, sacó la camiseta de la Selección que llevaba en un bolso y se la dio. Isabel y Mechu se acababan de conocer, en el barrio Capullo (Córdoba capital). La escena ocurría hace 31 días, cuando Mechu terminaba de construir -como voluntaria de Un Techo para mi País, la ONG liderada por jóvenes en 19 países de América Latina- una casa para la hija de Isabel. A cambio, sólo hizo un pedido: conocer a Dylan, el nuevo dueño de la camiseta.

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Para Mechu este viernes no será feriado: viajará más de 40 kilómetros y llevará en sus manos un papel con dos direcciones anotadas. Son las calles en las que viven ellos: Tobías y Dylan, los nenes de 10 años que ya son parte de su camino.