Federico Mana
Federico Mana

En los últimos días tomó trascendencia la detención del ex funcionario José López y su extraño accionar a la hora de ser detenido, golpeándose y vociferando incoherencias, entre las cuales se destacó la manifestación de no saber quién era, pero ¿quién sabe realmente quién es?

Los análisis respecto a cómo se constituye la identidad personal y cómo es que llegamos a ser quienes somos en este preciso momento entrañan una multiplicidad de aristas y complejidades las cuales posiblemente nunca se terminen de contemplar. No obstante ello podemos sostener que la identidad se solventa sobre la base de la existencia de una entidad que, a priori, se nos muestra como sólida e irrefutable: el "yo".

Así pues, aunque no tengamos certezas sobre nuestro pasado, nuestros datos filiales o aún si experimentamos una repentina amnesia, nada haría perdernos de vista que permanece una estructura previa, un estado particular de la conciencia que reúne los fenómenos y epifenómenos que se dan a nuestro alrededor, asegurándonos una supuesta existencia separada del resto. ¿Habrá perdido José López su noción determinada de existencia o sólo habrá olvidado la información que daba extensión a su yoidad? ¿Puede el ex funcionario, o incluso nosotros mismos, perder la capacidad de reconocerse como un ser existente bajo el nombre de "yo"?

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Ahora bien, si deseásemos responder esta pregunta podríamos recurrir al filósofo francés René Descartes quien sostenía que era el concepto del ego el único del cual no podíamos dudar. ¿Cómo es esto? Descartes pensaba que la única forma de encontrar un camino sólido hacia el conocimiento era descubriendo una verdad incuestionable por lo que se volvía necesario practicar la duda metódica, esto es, observar toda la existencia bajo el plano de la duda. ¿Puede ser que todo lo real sea una invención de un genio maligno? Sí ¿Puede ser que viva en un sueño? Sí. Pero ¿puedo dudar de que estoy dudando? No, por lo tanto si soy algo que duda soy algo que piensa y si pienso, entonces existo.

En definitiva, a lo que llega el francés con este argumento es a la aseveración de que el "yo pienso" es el punto indubitable a partir del cual poder construir todo el conocimiento ya que no podríamos dudar de su existencia. Así, un juez cartesiano podría decirle a López "usted no sabe quién es pero sí sabe que es".

¿Puede el ex funcionario, o incluso nosotros mismos, perder la capacidad de reconocerse como un ser existente bajo el nombre de "yo"?

Claro que el sueño de Descartes no duraría demasiado ya que las críticas a su argumento no tardaron en llegar. El filósofo escocés David Hume, a través de su defensa del empirismo (sólo se conoce a través de los sentidos), fue capaz de sostener que, en realidad, el "yo" no existe como un ente separado. ¿Por qué? Porque no tenemos una impresión que de cuenta de él. Tenemos impresiones, experiencias sensitivas o internas, sentimos el dolor, la angustia, percibimos la alegría o la tristeza, pero no hay posibilidad alguna de percibir al yo puro, al yo despojado de todo como pretendía Descartes. Sin embargo, poco tiempo después Immanuel Kant recuperaría al yo, dándole la razón a Hume en que no se puede percibir, pero sosteniendo que lo que acontece es que se "apercibe", no se lo ve aunque en cada representación mental podemos apreciar su existencia.

¿Puede ser que todo lo real sea una invención de un genio maligno?

Conforme a todo ello ¿existe el "yo" o es una construcción que hemos creado? Como bien lo explica el artículo "Fusión" de Enzo Tagliazucchi para el blog de difusión científica "el gato y la caja", al parecer el "yo" es un estado de la conciencia producido por nuestro cerebro, prácticamente como una cuestión de supervivencia, estado que incluso se puede llegar a tergiversar para experimentar otro tipo de conciencia donde el ego se disuelve momentáneamente. Por ende, lo que los estudios científicos nos dicen es que ese "yo pienso yo existo" cartesiano posiblemente no exista como tal ya que se ve influido y atravesado por cuestiones biológicas aunque también histórico-sociales.

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A partir de esto es que podemos decir que cuando nos preguntamos por nosotros mismos y nos respondemos "yo soy yo" estamos cayendo dentro de una trampa difícil de salir dado que ser "yo" no es para nada simple y descubrir los mecanismos puestos en juego para que el yo emerja es un desafío atractivo pero que requiere tiempo y paciencia.

¿Será esto lo que trama José López? ¿Aprovechar su detención para explorar los distintos caminos a los que nos lleva la pregunta por el yo, desde su desconocimiento, pasando por su negación para alcanzar un nuevo estado de la conciencia? ¿O por el contrario se apoyó en David Hume y por ello no fue capaz de decir quién era? Probablemente ninguna de estas opciones logre elucidar el motivo de sus declaraciones, pero al menos nos abrió la posibilidad de reflexionar sobre una cuestión humana que nos acompaña desde nuestros orígenes: ¿qué es ser yo?