Mauro Fernandes
Mauro Fernandes
Mercedes Echenique, de 18 años, juega al fútbol y vive en Villa Allende. Viajó hasta la capital cordobesa para darle unos botines a Tobías Rodríguez, el nene que armó una rifa para comprarse un par. "Todo lo grande comienza siendo pequeño y vivir no alcanza. Soñar es lo que importa", le escribió ella en la camiseta que le regaló.

Tobías Rodríguez (10 años, categoría 2005) pisa la cancha de tierra. Medias rojas, unos cortos y camiseta de la Selección. Es su segundo partido en Las Palmas y él, que juega de cinco, ya sabe que le toca marcar al enganche contrario. También sabe que este sábado estrena botines. Es el par por el que, 16 días antes, recorrió su barrio (Güemes, en Córdoba capital) en busca de compradores para la rifa que había armado. Es el colorido par que, 24 horas antes, le regaló Mercedes Echenique (18), que también está moldeada, a sol y sombra, por el fútbol.

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Mercedes -le dicen Mechu- tenía unos botines que aún no había usado y se acababa de enterar que, a veinte kilómetros de su casa, Tobías empezaba a jugar en Las Palmas -el club cordobés que compite en el Federal B- y armaba una rifa para poder comprarse un par. No lo dudó: fue hasta su dormitorio, los agarró y los metió en una bolsa amarilla de papel. Se los dio el viernes, cuando viajó desde Villa Allende hasta la capital cordobesa para conocerlo. El sábado, él los lució cuando su equipo jugó contra Talleres y Sportivo Belgrano.

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Cuando tiene la pelota, Mechu piensa en el arco rival. Tobías tiene otra función: ayudar en la salida de su equipo, recuperar y distribuir. Cuando ella se acerca al área, busca imitar a Paulo Dybala, el goleador de la Juventus. Él, en cambio, mira cada movimiento de Rodrigo Burgos, el cinco de Talleres. Cuando a ella le preguntan por un equipo, habla de Belgrano; él, de la "T". También tienen puntos en común: son cordobeses y sus cuerpos están amasados por el fútbol.

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El número costaba 10 pesos y el comprador tenía dos chances: de quedarse con el primer premio, se llevaba una torta; de salir segundo, se aseguraba un fernet y una coca. Cuatro días antes de empezar a jugar en las inferiores de Las Palmas, Tobías armó una rifa para poder comprarse unos botines. Nunca imaginó la jugada de Mechu: la pared que ella le daría antes de su segundo partido.

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Antes de jugar, pide que le saquen una foto. Sabe que no es una imagen más: hoy, luce botines nuevos. No. Tobías no puede gambetear la sonrisa que se le forma en la cara. "Estoy muy contento por el regalo. Lástima que perdimos un partido y empatamos el otro", dice el cinco, que, a siete horas del final, tampoco puede esquivar el resultado.

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"Todo lo grande comienza siendo pequeño y vivir no alcanza. Soñar es lo que importa", escribe Mechu, que dio sus primeros pases en el club Lasallano, jugó en la Academia Graieb & Migliori y fue la única mujer que se presentó -entre más de 200 jugadores- en la prueba que el Manchester City hizo en el estadio Mario Alberto Kempes. Es el comienzo de la frase que estampa, como un número, en la camiseta que le regala a Tobías. Son las palabras improvisadas que fluyen al darle los botines que él necesitaba y ella tenía guardados en el placar de su dormitorio.

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"Lo que nos unió fue el deporte, el fútbol. Ojalá cumplas tus deseos y objetivos. Que te desarrolles en Las Palmas como un buen jugador..., espero verte dentro de unos años vistiendo la celeste y blanca junto a grandes e ídolos jugadores". Es otra frase que Mechu deja tatuada en la camiseta de Tobías, que ya es parte de su equipo.

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