Joachim Löw, conocido por sus escatológicas conductas durante los partidos de su Selección, redobló la apuesta y sorprendió, en el encuentro de octavos de final de la Eurocopa ante Eslovaquia, con una nueva demostración ordinaria.
Esta vez no fueron sus partes bajas las que hurgó antes de olerse la mano, sino que el entrenador campeón del mundo puso su mano en la axila y, acto seguido, se la llevó a la nariz.

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