Federico Mana
Federico Mana
La culminación de la sexta temporada de Game of Thrones nos ofrece la oportunidad de analizar la serie filosóficamente al mismo tiempo que intentar entender ciertas vicisitudes políticas que manifiestan la intención humana de alcanzar el poder.
¿Tendrá algo para decir la filosofía de una serie televisiva? Comenzar con esta pregunta parecería ser una trivialidad ya que la filosofía siempre tiene algo para decir y reflexionar aún sobre los fenómenos que aparentan ser más superficiales como lo podrían ser los productos televisivos. De todas formas, si coincidimos en que uno de sus fines es relevar la ideología imperante en la sociedad, tomar los consumos culturales masivos como objeto de análisis ya no sería un gusto intelectual si no una obligación filosófica.

No obstante, podemos afirmar que la serie Game of Thrones es particularmente susceptible de ser desmenuzada a la luz de la filosofía ya que si hay un rasgo que la caracteriza, más allá de la superproducción que representa, es la presentación de la condición humana con un realismo que tal vez pocas series se atrevan a hacer. ¿A qué nos referimos con "condición humana"? Pues bien, a ese término un tanto esquivo mediante el cual pretendemos denotar aquello que hace ser a los humanos, aquel rasgo característico o, al menos, identitario.

Game of Thrones rompe con los estereotipos de “sujeto bueno” - “sujeto malo”, para dar muestra de los vaivenes que sufren los individuos en cuanto a sus actos y creencias

Entendiendo claro que no es posible agotar la representación de tal condición (porque ello conllevaría entender exhaustivamente qué nos hace humanos lo cual es una discusión aparte) y que el formato televisivo impone ciertos estándares estéticos que rompen con lo "realmente humano", estamos en condiciones sin embargo de decir que Game of Thrones rompe con los estereotipos de "sujeto bueno" - "sujeto malo", para dar muestra de los vaivenes que sufren los individuos en cuanto a sus actos y creencias. ¿Qué fan no comenzó odiando a un personaje que luego amó?

Es decir, y tomándonos la licencia de hablar de lo "real" como algo dado, en la serie se juegan historias que quizás responden más a la realidad humana, donde lo bueno y lo malo no emergen como entes autárquicos y separados, sino que aparecen entremezclados con un sinfín de variables, mezclados en una lucha interna que dificulta su señalamiento. ¿Acaso no hay decisiones que desde un contexto parecen "buenas" pero desde otro "malas"?

Sea Game of Thrones, el Brexit o el conflicto en la AFA, lo cierto es que el problema humano al respecto de cómo administrar el poder ha sabido estar presentes durante toda nuestra existencia

Pensemos en un caso no ficcional como el ya famoso "Brexit". Cientos de análisis se podrán hacer respecto a la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea y depende la ideología política, los intereses personales y las creencias geopolíticas en cada uno de ellos se jugarán ideas de "bien" y "mal" que se contrapondrán al resto; en definitiva, para algunos será un suceso absolutamente positivo y para otros totalmente negativo.

Así pues, por lo general tenemos la tendencia de reducir nuestros análisis a "bueno" o "malo", rasgo propio de una era de la inmediatez donde el pensamiento crítico no debe extenderse más de 140 caracteres. Recuperar el contexto histórico-social, contemplar cada una de las variables puestas en juego e intentar entender las políticas que se moldean detrás de cada decisión son cuestiones que han entrado en desuso. Nos acostumbramos al pensamiento fast-food, a lo pre-cocido, al texto de fácil digestión.

Por lo general tenemos la tendencia de reducir nuestros análisis a “bueno” o “malo”, rasgo propio de una era de la inmediatez

Por ello solemos querer personajes simples esencialmente buenos o esencialmente malos, no una Daenerys que castiga y nos hace preguntarnos si sus actos son condenables pese a que la mueva una intención buena o un Tyrion Lannister cuyas decisiones nos lleva a indagar si son genialidades del pragmatismo o una aberración contra los valores humanos. Tal vez en esta complejidad de sentido que propone la serie radique uno de sus mayores atractivos; saber que nadie es "intocable" ni perfecto, entender que las motivaciones humanas pueden variar y que la voluntad de poder atraviesa a todos los seres, sean ficticios o reales.

Por todo ello, sea Game of Thrones, el Brexit o el conflicto en la AFA, lo cierto es que el problema humano al respecto de cómo administrar el poder, cómo organizarse internamente y qué racionalidades han de imperar son complejidades que han sabido estar presentes durante toda nuestra existencia y el peor error que podemos cometer es intentar reducirlos a meros términos prefabricados que intenten dar una explicación cabal en dos o tres palabras. ¿Nos gustará el final de la sexta temporada? El único "spoiler" posible al respecto es que si se continúa con la lógica utilizada hasta el momento, lo más probable es que nos desconcierte y nos enfrente, una vez más, ante la perplejidad de nuestra propia condición humana.