Alejo Santander
Alejo Santander
Cada vez que la Argentina se enfrenta contra uno de estos cinco equipos, juega a algo más que al fútbol. Inglaterra, Alemania, Brasil, Chile y Uruguay, cinco países con los que seguimos en pie de guerra.
Diego para la pelota atrás de la mitad de cancha y no llega a levantar la cabeza que se ve obligado a improvisar una pirueta y girar sobre su eje, para sacarse de encima a dos ingleses en el mediodía azteca del '86. Cuatro años y ocho días antes, el 14 de junio de 1982, el Teniente Primero Carlos Federico Domínguez Lacreu, hace un giro parecido y se escapa de otros ingleses, para salirse de su fila y hacerle un "corte de mangas" a una cámara de la BBC británica, que filma la rendición de las tropas argentinas en Goose Green, Islas Malvinas.

Corte de Manga del Tte. 1º Dominguez Lacreu en Malvinas.mp4
¿Qué hace clásico a un clásico? Alguno podrá decir que el barrio, que nacieron ahí por cuestiones geográficas, por hinchas que caminaban las mismas cuadras, jugaban en las mismas plazas, y fueron dejando de herencia esa "pica" que no entiende de tiempos, categorías, ni mudanzas. Pero con la Selección los clásicos pueden estar al otro lado del mundo, hablar otros idiomas y tener apellidos impronunciables. Es ahí que la regla deja de aplicar, y es porque a fin de cuentas todos los clásicos tienen que ver con algo mucho más importante: la historia.

El fútbol en Argentina no es un deporte más y eso lo tiene claro también el que no lo juega, el que no lo mira, el que no lo entiende y el que no le gusta. Uno podrá irse todos los domingos al cine, quejarse por lo bajo cada vez que en una reunión alguien con ganas de charlar pregunte "¿De qué equipo sos?", pero jamás decir que es un deporte más.

Casi tan obvio como dar Historia Argentina es suspender las clases cuando la Selección juega de cuartos de final para adelante. Es eso o atenerse al faltazo masivo de la currícula, profesores, portero, fotocopiador y buffetero incluidos. Acá el fútbol también lo aprendemos en la escuela.

URUGUAY: HACIENDO HISTORIA

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El capitán uruguayo José Nasazzi intercambia banderines con su par argentino Manuel Ferreira antes de jugar la final de 1930<br>
El capitán uruguayo José Nasazzi intercambia banderines con su par argentino Manuel Ferreira antes de jugar la final de 1930
Además de vecinos, de lo cercano, de paisas, del mate, el clásico con Uruguay es histórico. Y es porque la primera final del primer Mundial de la historia de los mundiales fue rioplatense: Argentina vs. Uruguay, 1930, y se jugó en tierra charrúa. Perdimos por 4 a 2, la Copa se la llevaron ellos y la volvieron a levantar una sola vez más en 1950, en otra final latinoamericana, esa vez contra Brasil, el "Maracanazo".

Pero 120 años antes de esa final, también buscando hacer historia, a un río del Estadio Centenario donde se jugó el partido, Buenos Aires rechazaba al gobierno de España, que entonces trasladaba su sede nada más y nada menos que a Montevideo. En 1811 había un nuevo virrey español y residía en tierras charrúas, Francisco Javier de Elío, al que la primera junta argentina le desconoció autoridad y le declaró la guerra.

En 1930 sea por las ganas de quedarse con la primera Copa del Mundo, de puro vecinos, o por el recuerdo de sus abuelos en las guerras de la independencia, la final Argentina vs. Uruguay fue de todo, menos tranquila: el árbitro fue el belga John Langenus y algo de bélico o de clásico ya tenía esa final porque el referí para aceptar dirigirla pidió que hubiera un barco esperándolo en el puerto una hora antes de que terminara, por si tenía que escaparse rápido. Al día siguiente en Uruguay se declaró fiesta nacional, y acá en Buenos Aires una muchedumbre intentó asaltar la embajada uruguaya. Clásico.

Luis Felipe Monti, defensor de San Lorenzo, autor del primer gol en la historia de la Selección en los mundiales (a Francia) y que jugó ese partido, le dijo a un semanario años más tarde: "Cuando volvimos para jugar el segundo tiempo había como trescientos militares con bayonetas caladas. A nosotros no nos iban a defender". Uruguay es la selección con la que más veces jugó la Argentina, 184 partidos de los que nos quedamos con 83 y ellos con 54; pero tienen la primera Copa del Mundo, y no se las quita nadie.

BRASIL: DECIME QUÉ SE SIENTE

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Fuimos a su país con el que fue el hit del último Mundial, a preguntarles a viva voz qué se sentía tener en casa a su papá. El 7 a 1 contra Alemania aunque sea un poquito lo disfrutamos y el que diga que no, miente. Sea de puro morbo o pensando en la cara de Pelé, un poquito nos reímos de la tragedia verdeamarelha, y ellos se habrán reído de nosotros después de nuestra final germana, en el caso de que les hubieran quedado ganas de seguir mirando fútbol después de la paliza.

Con Brasil la cosa siempre fue personal. Nos sabemos los dos mejores equipos de América y cada vez que podemos queremos dejar en claro quién manda en el Superclásico sudamericano. Cada partido es una final y esa sensación se trasladó a cada cruce de clubes, sin contar la eterna pregunta: ¿Maradona o Pelé?

Contra ellos también tuvimos nuestra guerra en los días de la independencia: apenas independizadas las Provincias Unidas del Río de La Plata de España y Brasil de Portugal, entramos en guerra el 25 de octubre de 1825 por los territorios que hoy corresponden a Uruguay y al estado brasileño de Río Grande del Sur. Lo terminamos arreglando el escritorio, el 28 de agosto de 1828.

Como en el fútbol no podemos firmar la paz futbolística en un empate eterno -y si pudiéramos tampoco lo haríamos-, seguimos jugando. Nos seguimos viendo las caras y la cosa está pareja: si se tienen en cuenta todos los enfrentamientos, agregando a los no reconocidos por la FIFA, de un total de 107 partidos se registran 41 triunfos de Argentina, 40 de Brasil y 26 empates. En goles vamos arriba con 175, sólo 8 por encima de ellos.

CHILE: A TRAICIÓN

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En 1982 habría llegado a oídos chilenos un movimiento de tropas argentinas en la Patagonia, y de un pacto secreto entre Argentina, Perú y Bolivia para atacarlos. La respuesta fue ofrecerle ayuda militar a los ingleses en la Guerra de Malvinas, alianza que sería confirmada tanto en la biografía de Margaret Thatcher, como por el ex oficial inglés Sidney Edwards, que en de 2014 admitió: "Sin la ayuda de Chile hubiéramos perdido la guerra".

La herida duele más porque es reciente, acabamos de perder con ellos las últimas dos finales de la Copa América y en los penales.

Entre los datos: durante la guerra de las Malvinas ambos países estábamos bajo regímenes militares. El primer partido se jugó en 1910, ahí nació el llamado clásico de lo Andes en el marco de la Copa Centenario de la Revolución de Mayo. Un censo oficial en 2012 estableció que en el archipiélago vivían 2932 personas, que 250 eran chilenas y sólo 6 argentinas. La estadística nos pone muy por encima de ellos en materia de partidos, a pesar de las últimas finales. Los muertos que dejó la guerra, sólo estuvieron de este lado de la cordillera.

INGLATERRA: DIEGO VS. THATCHER

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Margaret Thatcher, no atajó en el '86, quizás ni siquiera miró ese partido y si lo vio es probable que no le interesara demasiado el resultado. Acá los dos goles de Diego, a cuatro años de las Malvinas, fueron la excusa para rompernos la garganta en un grito de gol que fue catártico, que teníamos atragantado por algo muchísimo más injusto que un gol con la mano.

El antagonismo histórico sin embargo había nacido mucho antes, con las Invasiones Inglesas a Buenos Aires entre 1806 y 1807, el incidente de Malvinas en 1833 y el Bloqueo anglo-francés del Río de la Plata durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas en 1845. También nos encontramos en instancias clave como la Copa del Mundo de 1966 o los penales de 1998, pero ninguno se compara -quizás por la cercanía- con la guerra de 1982 y el Mundial de México '86.

A pesar de lo incomparable del juego y de la guerra, de las traiciones, de las desventaja, de pueblos y jugadores que no tienen por qué cargar con las obsesiones bélicas de sus gobernantes, a cuatro años de un enfrentamiento que duró 73 días y dejó 649 argentinos muertos, nos enfrentábamos a Inglaterra en un terreno más justo: 11 contra 11 y una pelota. Diego nos vengó a todos, nos dio el pase a las semifinales, y muchísimo más.

ALEMANIA: GUERRA MUNDIAL

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Siempre Alemania, y siempre en la final. Mundial a Mundial los teutones se convirtieron en nuestra peor pesadilla. Tuvimos tres definiciones mundialistas con ellos, ganamos una (1986) se quedaron con dos (1990 y 2014), y se dieron el gusto de dejar en lágrimas a los dos mejores jugadores de nuestra historia reciente.

¿Pero cuándo estuvimos en guerra con Alemania? En el año 1945 la República Argentina emitió un decreto (Nº 6945/45) por el que le declaramos la guerra a Alemania y a Japón. La Segunda Guerra Mundial estaba terminando y muchos lo consideraron una acción para quedar bien ante los ojos de los Aliados, aunque en realidad el país se mantuvo neutral a pedido de Inglaterra. Sólo los países no alineados estaban habilitados para abastecer a los que combatían.

En 1990 un penal polémico les dio a los alemanes la victoria y la Copa del Mundo. Lo convirtió Andreas Brehme a los 87' minutos y hubiera sido la consagración de aquel equipo comandado -una vez más- por Maradona, al que no le escucharon los reclamos y hasta le sacaron amarilla por la queja, en parte quizás por haber ganado el último Mundial con la mano. En 2014 Mario Götze, ingresado hacía menos de 20 minutos, en el 113' repetía la historia.

Cinco equipos, cinco países con los que alguna vez estuvimos en guerra. Cinco partidos que tocan una fibra aún no estudiada por la ciencia, que hace que se mezclen las imágenes y los sentimientos, y que durante al menos por 90' minutos estamos de acuerdo con Bill Shankly, director técnico del Liverpool entre 1959 y 1974, que dijo: "El fútbol no es una cosa de vida o muerte. Es algo mucho más importante".