A 200 años de la declaración de la Independencia, el historiador Klaus Gallo reflexiona sobre la génesis de la Argentina, un país con fuerte tendencia a los antagonismos, falta de estabilidad asociada a la escasez de recursos económicos y crisis del sistema político.
"En otros países, con un entramado institucional más añejo y eficiente, las confrontaciones se dirimían en un marco más aplomado. Pero en lo que luego sería la Argentina, las divisiones eran muy profundas y, por lo tanto, los choques eran muy agudos", sostiene Gallo en entrevista con minutouno.com.

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Sin embargo, el historiador destaca que tanto en la Revolución de Mayo como en el Congreso de Tucumán, los dirigentes criollos del Río de la Plata llegaron a un consenso para manifestarse vehementemente contra la dominación española y para expresar en forma determinante su voluntad de constituir una nueva nación, pero "a un costo muy alto".

"Se logró un orden a un costo muy alto y la experiencia rosista es un claro ejemplo. Comerciantes, profesionales e incluso los sectores plebeyos reclamaban orden", sostiene Gallo, en referencia al período de la Federación liderada por Juan Manuel de Rosas entre 1835 y 1852.

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Otro aspecto que sobresale en el comienzo de la historia argentina es la disgregación y la emergencia de los caudillos regionales de alto carisma.

"En esa época, el territorio del Río de la Plata estaba muy conflictuado. Ya se había perdido a Paraguay y también se había prácticamente perdido al Alto Perú con sus riquezas mineras. Además, en ese momento, el otro gran problema era Uruguay con la figura de Artigas, quien estaba contrapuesto a los porteños", repasa Gallo.

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"Artigas tenía una gran influencia en el Litoral, de hecho las provincias de esa región no participaron del congreso de Tucumán. El caudillo oriental era una figura muy carismática, con una idea de federación muy clara y un planteo de reorganización de la estructura rural que priorizaba a los pequeños propietarios", describe el historiador.

A Gallo tampoco se le escapa el conflicto Buenos Aires-Interior, que complicaba la gobernabilidad desde la principal ciudad de lo que era el Virreinato.

"También se sumaba la relación complicada de Buenos Aires con las demás ciudades del Interior y sus líderes regionales, el caso de Güemes en el Norte es un ejemplo, por lo que la gobernabilidad desde el Puerto se hacía muy difícil", considera el historiador.

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A tal punto llegaba la provisionalidad permanente de Buenos Aires, que hubo indefinición en cuanto a la forma de gobierno a adoptar.

"A pesar de que en 1816 se ratificó la República, aún habían varios proyectos monárquicos en estudio promovidos por los principales referentes políticos como Pueyrredón, San Martín, Belgrano y Alvear", señala Gallo.

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"Pensaban que para ser reconocidos por las potencias europeas debían convertirse en una monarquía, que a su vez restableciera el orden social puertas adentro. El orden era una obsesión política, en el dictamen del congreso de Tucumán, un párrafo reza: 'fin de la revolución, principio del orden'", concluye el historiador.


Klaus Gallo es doctor en Historia Moderna e historiador. Estudió en la Universidad de Oxford, donde fue miembro de St. Antony's College. En 1989 obtuvo la beca Norman - Hargreaves de Wofson College y en 1993 se doctoró en Modern History.