El 10% de PIB estadounidense y más de 8 millones de empleos dependen del sector del transporte por rutas, uno de los que primero puede verse afectado por los avances de vehículos que se conducen solos y abrir la puerta de una reconversión tecnológica de consecuencias impredecibles.
Desde Palo Alto, Otto, una empresa con 40 empleados, trabaja con el objetivo de que en unos años circulen por rutas camiones con piloto automático, capaz de guiarse con un conjunto de sensores y conexiones sin prácticamente intervención humana alguna.

Otto, al igual que competidores en el mismo nicho como Daimler o Peloton Technologies, quieren que el tráfico de camiones sea más eficiente, al consumir menos combustible, y seguro, al reducir el número de accidentes.

"En un camión de Otto el conductor tiene un rol supervisor, lo que le permite conducir más millas, a la par que trabaja en condiciones más seguras y productivas", señala la empresa, integrada por exingenieros de Google y Apple, a Efe.

Con el mecenazgo de Jeff Bezos, CEO de Amazon, y otros grandes inversores tecnológicos también nació Convoy, que se posiciona como el Uber de los transportistas y que intenta eliminar los intermediarios en el complejo y tradicional sistema de transporte de mercancías.

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Estos son solo dos ejemplos de lo que está por llegar y que puede traducirse en una revolución en uno de los sectores más importantes de la economía estadounidense, especialmente en los márgenes de la clase media, cada vez más resentida con el sistema.

Camionero, un trabajo que realizan 3,5 millones de estadounidenses, es la primera profesión en 29 de los 50 estados del país y de ella dependen indirectamente otros sectores como el de seguros, estaciones de servicio y mecánica.

La semana pasada Christopher Hart, presidente del Consejo de Seguridad en el Transporte (regulador federal conocido por las siglas NTSB), aseguró que una pronta adopción de camiones y autobuses con piloto automático es "una realidad muy posible" y recordó que la colaboración entre autoridades, empresas tradicionales del sector y los nuevos actores tecnológicos es clave.

En su opinión, la transición a la nueva tecnología de vehículos autómatas se inspirará en otros modos de transporte, especialmente la aviación, y pese advertir que "las cosas son más complejas de lo que parece" consideró -sin establecer horizontes- que inevitablemente en el futuro no hará falta un humano detrás del volante.