Miriam está triste: el ave de corral que crió y cuidó no quiere volver al gallinero. La insólita historia se da en una casa de villa Los Tarcos Este, en Cerrillos (Salta).



Miriam tiene en el fondo de su casa un gallinero con unas diez gallinas, a las que cuida con gran esmero y dedicación. Todo marchaba bien hasta que comenzó a faltar un integrante: el gallo encargado de hacer crecer el plantel decidió irse.

El gallo salió del corral, se fue hasta un baldío ubicado al otro lado de la calle y empezó una nueva vida: desde hace más de una semana, convive con otro grupo de gallinas.

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Se trata de un ejemplar del tipo "cogote pila", raza que, como se sabe, tiene la particularidad de tener el cuello desprovisto de plumas y en otras áreas menos evidente del cuerpo, como bajo las alas, a ambos lados de la pechuga y en el lomo, según diario El Tribuno.

"Este gallo me ha "carneriao. No quiere volver al gallinero, y si lo traigo salta el alambrado. Y pensar que me gastaba un montón de plata en alimento balanceado para mantenerlo en buen estado. Ahora está ahí, en el baldío de enfrente y no hay forma de hacerlo volver. Yo creo que le voy a tener cortar las alas nomás a este bicho", contó.

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El gallo llegó para quedarse a un terreno baldío ubicado en calle General Aráoz casi esquina Arturo Escudero, una zona residencial y coqueta de Cerrillos, donde en uno de los pocos lotes que quedan aún vacíos hace un tiempo atrás lo colonizó un grupo de gallinas.

Darío Calderón, oriundo de Mosconi, pero residente del lugar explicó: "Creo que se trata de gallinas del tipo paraguaya, esas que tienen las plumas enruladas. Deben ser de algún vecino, pero deambulan por la calle y viven entre los matorrales del baldío, donde huevean, empollan y pisan a gusto y paladar. Ahí, el gallo de doña Miriam es dueño y señor".