Federico Mana
Federico Mana

Tras el fenómeno Pokémon Go, en minutouno.com reflexionamos sobre la influencia de las nuevas tecnologías en nuestra vida.

El fenómeno de Pokémon Go nos abre inmediatamente la posibilidad no sólo de reflexionar sobre la influencia de las nuevas tecnologías en nuestra vida, sino también en las derivaciones filosóficas de un concepto tan abstracto como "realidad aumentada".

Tal vez muchos se pregunten el por qué del furor que ha causado la aparición del juego Pokémon Go si, a fin de cuentas, no se trata más que de una aplicación lúdica. En primer lugar podríamos responder a tal cuestionamiento diciendo que posiblemente su éxito radique en ser uno de los primeros juegos que emula casi a la perfección la trama subyacente a la serie, esto es, ir por la vida cazando diversos seres para hacerlos combatir.

Es decir, por lo general en cualquier tipo de juego digital se busca otorgarle la sensación al usuario de que está recreando un ambiente determinado, sea el de ser futbolista, un gángster o un asesino miembro de un culto milenario. Sin embargo ninguno pareciera resultar tan efectivo como el Pokémon Go que, básicamente, lleva a un plano "real" aquella actividad que desarrollan los protagonistas de la serie animada.

En cualquier juego digital se busca otorgarle la sensación al usuario de que está recreando un ambiente determinado

Así pues, es quizás en este concepto de lo "real" en donde se enclava gran parte del éxito de la aplicación. Plasmado como un juego de "realidad aumentada" de lo que se trata es de utilizar el teléfono como medio para experimentar el mundo que nos rodea desde otra perspectiva o, directamente, agregando fenómenos sólo observables a través de la cámara. Primera cuestión filosófica: el lente ya no busca reflejar aquello que es, si no que por el contrario transforma cabalmente el ser.

Ahora bien, otra cuestión que llama la atención del término "realidad aumentada" es la forma en que encaja con el pensamiento de Immanuel Kant respecto al conocimiento. El filósofo alemán sostenía que en el proceso del conocimiento es el sujeto quien construye al objeto sobre el cuál emitirá juicios y esto se da según él ya que los humanos tenemos por un lado la sensibilidad mediante la cual recibimos pasivamente los fenómenos de la experiencia, y el intelecto a través del cual sintetizamos la información obtenida merced a la razón y sus formas e intuiciones puras. En resumidas cuentas, percibimos datos sensibles que los transformamos para emitir juicios sobre los objetos, juicios que serán quienes conformen nuestro conocimiento.

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Conforme a lo mencionado ¿no es este el proceso básico de la realidad aumentada? Nuestro smartphone a través de su cámara recibe una información que, gracias a la aplicación pertinente, transforma para agregar o quitar elementos que emergen no de la experiencia sensible si no del software en cuestión como lo puede ser el juego de los pokemones; así es que podemos "ver" los diversos seres rodeándonos por doquier.

Pero este proceso que hemos mencionado nos lleva a una pregunta ¿cuál es el rol que le damos a nuestros teléfonos para percibir la realidad? ¿Cómo hacer para no confundirnos entre la "realidad aumentada" y la "realidad real"? Muchos considerarán que esto último es imposible, que jamás podríamos llegar a confundir una con otra. No obstante, si nos detenemos a observar los acontecimientos que ya están ocurriendo alrededor del Pokémon Go podemos aseverar que la enajenación es más factible de lo que se sospecha: gente reuniéndose desesperada por cazar uno de estos seres, personas que dicen abandonar sus trabajos, incluso hay quienes han arriesgado su vida (al punto de perderla) por involucrarse con el juego. ¿Qué nos dice todo esto?

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Incluso se da de forma paradigmática lo que el filósofo coreano Byung-Chul Han denominará como "enajambre digital", esto es, una masa de seres aislados que comparte un espacio sin relacionarse entre sí; de hecho, las reuniones que se pueden ver por las redes de personas intentando atrapar un pokemon ¿no son un ejemplo claro y evidente de este enjambre del cual formamos parte?

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De esta manera pareciera entonces que el gran problema es, una vez más en la historia, qué consideramos como realidad y qué procedimientos ponemos en práctica para acercarnos a ella. Por ahí consideramos que lejos estamos de alienarnos por una aplicación de estas características aunque ¿cuánto tiempo pasamos usando nuestros celulares? ¿Cuántas relaciones sociales hemos tejido gracias a ellos? ¿Cómo veríamos nuestra vida sin su uso constante? Tal vez ir por la vida observando el mundo circundante a través del lente del teléfono nos resulte demasiado invasivo, un rasgo atroz del aislacionismo que estamos sufriendo como sociedad. No obstante, sea Whatsapp, Tinder, Snapchat o Twitter, lo cierto es que cada día nos acostumbramos un poco más a percibir la realidad con la mediación de estos dispositivos electrónicos que, a fin de cuentas, no hacen más que reproducir la duda acerca de qué es lo real y si es o no una construcción propia.