Bárbara García Crespo
Bárbara García Crespo
Ayelén Stroker, de 27 años, estaba caminando por Jujuy y San Juan un día de semana a las dos de la tarde cuando sintió un dolor en su mano. A los pocos minutos empezó a desvanecerse pero logró alertar a sus amigos. En el hospital le confirmaron que se trataba de burundanga.
El hecho ocurrió el martes 12 de julio, a las dos de la tarde por la calle Jujuy, casi llegando a la esquina de San Juan, en la Capital Federal. Una zona por demás transitada. Ayelén estaba hablando por teléfono cuando sintió algo fuerte en su mano, "como si fuera un golpe", relató. A los pocos segundos, comenzó a sentir cómo la mano, el brazo y el hombro empezaron a entumecerse.

"Fueron cuestión de segundos que empecé a sentirme muy mal, le dije a mi compañero, que era con el que estaba hablando por teléfono e intentó calmarme. Creo que fue gracias a eso que no me desmayé inmediatamente", contó.

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Ayelén todavía no puede creer lo que cuenta. Incluso, hasta al otro día que le sucedió no sabía si lo que había pasado era verdad. "Me pincharon, quisieron hacerme algo. Uno no cree mucho estas cosas hasta que te pasan. Pensé que me podía haber golpeado o hasta la picadura de una araña, pero no. Quisieron desmayarme, secuestrarme, no sé, estas cosas pasan y hay que contarlas", denunció a minutouno.com.

"No paso ni un segundo que ese dolor se empezó a expandir subiendo por mi brazo hasta el hombro, acalambrando todas las articulaciones de la mano y brazo, con un inmenso dolor que me subía y se me iba entumeciendo todo. Seguí caminando mas rápido, sin mirar para atrás; llegando a la esquina empiezo a sentir nauseas y se me empieza a nublar la vista, me iba a desmayar"
, contó en su cuenta de Facebook.

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"Caminé doblando la calle, buscando un lugar lo más lejos posible de donde estaba para sentarme por que sentía que la quedaba ahí. Logré llamar por teléfono a unos compañeros que estaban a tres cuadras que me vengan a buscar, lo logré antes de que se me nuble la vista del todo. Traté de tranquilizarme y aguantar sin perder la conciencia, hasta que me vengan a buscar", agregó.

"Lo terrible además fue el después. Cuando fui a atenderme al hospital. Como si nada me quisieron dar un ibuprofeno para el dolor y listo. Sin creer lo que les estaba relatando. Parecía que les estaba mintiendo. No existe un protocolo de salud en estas situaciones y yo me sentí totalmente desprotegida", explicó.

Es que a la primera guardia a la que se acercó por su obra social, no le mandaron ningún estudio, sólo un ibuprofeono para el dolor. "Si volvés a tener náuseas o desmayos, volvé", le dijeron y la dejaron ir.

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"No me quedé conforme y me puse en contacto con una infectóloga que trabaja en casos de Violencia de Género, del Hospital Tornú. Me mandó todo tipo de estudios y me confirmó que no estoy loca: estas cosas pasan", agregó. Todos los síntomas son los mismos que describieron en casos anteriores: entumecimiento, desmayo, malestar. No había dudas: era burundanga.

Llamé por teléfono a unos amigos que estaban a tres cuadras para que me vengan a buscar, lo logré antes de que se me nuble la vista del todo

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Ayelén relató que no hizo la denuncia a la comisaría porque "se que es una comisaría complicada. Me da más miedo hacer la denuncia porque se que hay complicidad con la policía. Me dio miedo a quedar marcada, o lo que sea. Pero es necesario que estas cosas se conozcan, que nos cuidemos entre nosotros. Que no es un invento. a mi me pincharon en la calle", sostuvo.