Pablo Moyano confirmó que "hay varios gremios que lo están pidiendo". El equipo económico de Macri cree que las amenazas tienen más que ver con los posicionamientos previos a la unidad de la CGT.
El Gobierno no contempla una reapertura de las negociaciones salariales de este año como consecuencia de una inflación por encima de todas las previsiones. Incluso, en un contexto en el que cada vez más sindicalistas advierten de esa posibilidad por entender que el promedio de acuerdos salariales perdió por cerca de 10 puntos contra el alza de precios esperada hasta fin de año. De hecho, cerca de Mauricio Macri creen que los avisos tienen más que ver con los posicionamientos públicos de los gremialistas antes de la unificación de la CGT y con reclamos que en rigor están más orientados a los fondos de las obras sociales.

"No veo un escenario de reapertura de paritarias. Todos los gremios que ya cerraron lo han hecho en absoluta libertad de negociación y han obtenido las mejores condiciones posibles para sus representados", le dijo anoche a este diario el viceministro de Trabajo, Ezequiel Sabor. El funcionario respondió así a las advertencias crecientes de dirigentes. Por caso, ayer mismo Pablo Moyano, hijo mayor de Hugo y su lugarteniente en Camioneros, confirmó que "hay varios gremios que están pidiendo la reapertura de las paritarias", publicó Ámbito Financiero.

El planteo se escuchó de manera cada vez más recurrente en las últimas semanas. Como informó este diario, el 4 de julio los principales referentes de las tres versiones de la CGT, reunidos en un almuerzo convocado por el gastronómico Luis Barrionuevo, debatieron por primera vez esa opción a nivel de la central obrera mayoritaria. En esa ocasión acordaron brindarles un paraguas de cobertura institucional a los gremios dispuestos a exigir una rediscusión de sus convenios salariales.

Aquella charla estaba teñida de la impaciencia de los sindicalistas por la falta de cumplimiento del Gobierno a un desembolso de $2.700 millones destinado a sus obras sociales, comprometido por varios estamentos de funcionarios. Aunque con el correr de los días la promesa fue ratificada, hasta la semana pasada el monto (equivalente al excedente de recursos ingresados a la Superintendencia de Salud del ejercicio del año pasado) no había sido depositado. Del cumplimiento de ese compromiso dependerá el tono de los dirigentes respecto del Ejecutivo hasta el 22 de agosto, fecha pautada para la fusión de la CGT.


Ayer los extremos del debate quedaron al descubierto. En diálogo con radio Del Plata, el hijo mayor de Moyano le dio aire a la chance de una nueva discusión paritaria antes de fin de año como compensación de la inflación acumulada, y protestó por entender que "la administración de Macri gobierna para un solo sector".

En cambio, para los funcionarios la reapertura no es una opción y, en cambio, impera entre ellos el optimismo: "La inflación va descendiendo y las expectativas son buenas", le amplió Sabor a este diario para dar a entender que los gremios respetarán los plazos de los acuerdos alcanzados este año. Hasta ahora, y desde 2004, nunca se produjo una masiva renegociación de las paritarias y sólo hubo discusiones puntuales sobre eventuales compensaciones de fin de año o para enero, bajo el formato de bonus o adicionales no remunerativos.

De hecho, en el equipo económico atribuyen las advertencias más a una necesidad de mostrar dureza ante los afiliados que a una vocación concreta por sentar a la mesa de negociaciones a los empresarios para reabrir las paritarias. En este punto lo relacionan con los movimientos de cada sector de la CGT con la fusión inminente en vista. En el caso de Pablo Moyano, un funcionario dio por seguro que más allá de sus declaraciones no irá en contra de un acuerdo alcanzado por su propio padre hace pocas semanas, que totalizó en cuatro cuotas una suba del 37 por ciento.

El optimismo en algunos sectores del Gobierno es tal que dan por hecho en los próximos días un encuentro demorado entre las cúpulas de la CGT y Macri, previo al congreso gremial del 22 de agosto. En esa reunión esperan en ambos sectores despejar el terreno hasta fin de año, tanto de la amenaza ligada a las paritarias como de posibles medidas de fuerza relacionadas con el crecimiento de la inflación, el tarifazo y los despidos, como dieron a entender varios dirigentes.

El único fantasma del escenario laboral que visualizan en el equipo económico es el de la provincia de Buenos Aires, con reclamos cada vez mayores de volver a negociar por parte de los gremios estatales (ATE, en particular) y de docentes. De hecho, entre las centrales obreras que habían advertido de esa posibilidad, las más enfáticas fueron las dos versiones de la CTA que lideran Hugo Yasky y Pablo Micheli, y que tienen especial inserción en ambos gremios.

Entre los grupos internos de la CGT, en tanto, la Confederación de Trabajadores del Transporte (CATT) primereó con las advertencias de posibles paros. Para ese núcleo, allí lleva la vocería el portuario Juan Carlos Schmid, en su doble condición de líder de ese sello y casi seguro miembro del triunvirato de conducción de la próxima CGT unida desde agosto.

Macri tiene previsto, como compensación, la presentación del proyecto oficial de modificación del Impuesto a las Ganancias, que impacta con particular fuerza entre los trabajadores del sector. Se trata, entre Ganancias y fondos de las obras sociales, de los puntos centrales de la paz social que el Ejecutivo espera pautar con el sindicalismo peronista.