La muerte del hombre de Tres de Febrero, quien falleció luego de que su mujer negara que se le realice una transfusión de sangre al aludir que era testigo de Jehová, reabrió el debate sobre los límites del fundamentalismo religioso.
Cada vez que un Testigo de Jehová muere al decidir y pedir expresamente que no quiere recibir transfuciones de sangre aunque esté en riesgo su vida, se reabre el debate sobre el por qué de tal fundamentalismo religioso. Todo tiene una explicación.

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Las transfusiones no fueron la única práctica médica que en un momento dado ha sido enérgicamente rechazada por los Testigos de Jehová. Concretamente, las vacunaciones estuvieron proscritas desde 1931 hasta 1952, durante 21 años, y los transplantes de órganos por 13, desde 1967 hasta 1980.

La razón por la cual los testigos de Jehová no aceptan las transfusiones es que aducen que recibir sangre es como ingerirla, comerla. Y como ciertamente existen versículos que expresan que comer sangre es comer la vida o el alma, ellos creen tener motivo para no aceptar estas prácticas. Es decir, que interpretan literalmente lo que señalan algunos pasajes de la Biblia.

Tal es el caso de Génsis9:4. Después del Diluvio, Dios les permitió a Noé y a su familia consumir carne animal, pero con una salvedad:"Sólo carne con su alma-su sangre- no deben comer".

Otro versículo es el de Levítico 17:14 que dice: "No deben comer sangre de ninguna clase de carne, porque el alma de toda clase de carne es su sangre. Cualquiera que coma será cortado".

El paciente Testigo de Jehová , tiene el derecho, en base a los derechos de autonomía individual,a decidir si se transfunde o no. En el caso de menores de edad o pacientes embarazadas, la decisión pasa por un familiar directo.