El Centro de Estudios para el Desarrollo Económico comparó el poder adquisitivo del salario mínimo, vital y móvil con los precios de los principales productos de la canasta alimenticia en junio de 2015 y junio pasado. El impacto de la inflación se siente con más fuerza en los alimentos.
El Centro de Estudios para el Desarrollo Económico Benjamin Hopenhayn (CEDE-BH) elaboró un informe para dar cuenta del impacto en la inflación y de los cambios que se sucitaron en el poder adquisitivo del salario a partir del fuerte incremento de los precios de los alimentos y de las tarifas de servicios públicos principalmente.

Para intentar dimensionar los efectos de las últimas subas de precios en el bolsillo de las familias, el CEDE-BH comparó el poder de compra que tiene el salario mínimo, vital y móvil actual con los precios de algunos alimentos y bebidas de junio de 2015 y de junio de este año.

Desde el 1° de junio pasado, el salario mínimo, vital y móvil es de 6.810 pesos.

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A partir del relevamiento del CEDE-BH se desprende que con el salario mínimo en junio del año pasado se podían comprar, por ejemplo, 110 kilos de queso cuartirolo mientras que un año más tarde sólo se conseguía 46 kilos. El poder adquisitivo se contrajo un 58%.

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En el mismo sentido, mientras en 2015 se podía acceder a 303 kilos de pollo, en junio pasado sólo se conseguía 159 kilos, un 47% menos. Contra los 73 kilos de asado que se podían comprar en 2015, este año sólo se consiguen 43 kilos (43% menos).

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Uno de los productos que más se encareció fue el tomate. Frente 342 kilos a los que se accedía con 6.810 pesos en junio del año pasado, ahora sólo se obtienen 114 kilos, un 67% menos.

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