La mujer que trabajó 22 años para la Vicepresidenta declaró que en su casa había dinero en sobres adentro del placard, aunque afirmó desconocer la cifra. El relato en el que desliza sus sospechas sobre los albañiles que realizaban una obra en el lugar.

Norma Elizabeth Sánchez Rojas, la empleada doméstica de la vicepresidenta Gabriela Michetti, declaró en la causa que investiga el origen de los fondos robados en el domicilio de la funcionaria y afirmó que en su casa siempre había dinero en efectivo envuelto en sobres adentro del placard de la habitación principal.

Norma, quien trabaja como empleada doméstica de Michetti desde hace 22 años, declaró tener una "muy buena relación" con ella y dio detalles sobre los espacios en los que la Vicepresidenta guardaba el dinero en su domicilio.

La empleada explicó que posee llaves de ingreso a la casa y que –de lunes a viernes, a las 10- entra por el pasillo, por la muerta por la que ingresa el "personal de servicio". Es decir: ella, un arquitecto que trabajaba en el lugar, un albañil y dos empleados de este último.

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Norma aseguró que se maneja libremente en la casa de Michetti e informó que la Vicepresidenta le deja dentro de un cajón de la mesa de luz de la habitación principal el dinero para comprar comida, pagar impuestos y pagarse su labor semanal, con un monto de 1.000 pesos por semana.

Asimismo, aclaró que Michetti tiene dinero en un placard dentro de la habitación y que muchas veces le solicitó a ella que lo guardara, pero aclaró desconocer la cifra exacta porque lo recibe en "sobres cerrados". Además, detalló que tiene más dinero en otro placard y lo ubica –también en sobres- en medio de su ropa.

Norma dijo que las únicas personas que sabían de la existencia de ese dinero eran ella y Michetti. Además, relató que el arquitecto, de nombre Eduardo, y su albañil, Mario Vargas, realizaban una obra en el inmueble. Este último tenía dos empleados de aproximadamente 30 años que "hablaban en guaraní" y la miraban "en forma extraña".

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La empleada informó que Mario y esos dos jóvenes en algunas ocasiones salían con ella y no quedaba nadie en el domicilio, pero en otras no, ya que se quedaban allí esperando al arquitecto y se movían libremente en el domicilio.

Según su testimonio, la última vez que guardó dinero en el placard fue hace un mes. Declaró que hace dos semanas le llamó la atención al arquitecto ver que la puerta del pasillo estaba abierta, y él le dijo que les dio a los trabajadores una llave para que ingresen por el pasillo para que se manejaran "saliendo y entrando" cuando quisieran.