Lucas Cabello escribió una emotiva carta donde relató los hechos del 9 de noviembre cuando un efectivo le pegó tres tiros en la puerta de su casa. "Nunca voy a entenderlo, no me entra en la cabeza", dijo y agregó: "Voy asumiendo poco a poco que no volveré a caminar".
Por primera vez, Lucas Cabello, el trapito que fue baleado por un agente de la policía Metropolitana en la puerta de su casa, contó en primera persona lo que pasó el 9 de noviembre del 2015. Además, dio detalles de su recuperación.

"Fue la tarde del 9 de noviembre de 2015, a las 2 de la tarde, cuando estaba con mi hija y su mamá, Camila. Aquella vez, como otra, no teníamos comida. Y entonces fui a la panadería de la esquina, porque tengo la mejor onda con la panadera, pero al salir, el oficial Ayala estaba parado en la puerta de una casa vecina, donde había una consigna familiar por un conflicto entre dos personas. No era siempre un mismo policía. Me miró de arriba abajo. Le pregunté "¿Qué pasaba?". Me respondió: "Nada, andá". Crucé la calle y entré a la panadería", comenzó a relatar Lucas sobre el día en que un agente le disparó tres veces.

La carta salió publicada en la Revista La Garganta Poderosa y en pocas horas se viralizó en las redes sociales.

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"Cuando salí, lo volví a ver y cruzamos miradas, pero no nos dijimos nada. Seguía parado en el mismo lugar y cuando estaba por entrar a mi casa, me advirtió: "Cuidado, ojo con lo que vas a hacer". No me quedé callado: "¿Vos estás loco?", le respondí. Y empezamos a discutir, subiendo el tono, porque yo no estaba dispuesto a dejarme humillar así", siguió.

"Yo puedo hacer lo que quiera, porque soy policía", me dijo. Y yo le contesté otra vez: "Si vos fueras policía, estarías en la calle corriendo a los chorros, no metido en una casa, jugando a la play". Yo lo sabía porque solía visitar a mi vecino, para comer unas pizzas o tomar un Gancia. "Callate, callate y metete adentro", contiúa la carta.

El hecho ocurrió el lunes a la tarde, en inmediaciones del restaurante "Il Matarello", en Martín Rodríguez y Villafañe, cuando Lucas, quien realiza tareas de cuidacoches en inmediaciones de ese local gastronómico, discutió con efectivos de la Policía Metropolitana que estaban de consigna en el lugar.

"Para mí, la discusión terminó ahí. Para él, no. Entré al pasillo de mi casa y, al llegar al hall, escuché un paso fuerte en el escalón de la puerta. Di media vuelta y Ayala me estaba apuntando en la cara. No me dijo ni una palabra. Tiró. Sentí la bala penetrándome la pera. Y los oídos me empezaron a zumbar. Fuerte, muy fuerte. Cada vez más fuerte, como si mi cabeza estuviera a punto de estallar. Caí y me golpeé el cráneo contra el piso. Por unos segundos, sólo escuché un "i" continuo en mis oídos. Y después no sentí nada más. No puedo sacarme de la mente el recuerdo del arma cuando martilla, en ese movimiento que hace para adelante y para atrás, como se ve en las películas. Ya estaba en el piso, el policía se me acercó y me efectuó otros dos disparos. Camila salió del departamento y me levantó. Mi hermana le pidió ayuda al mismo tipo que me había disparado. ¿Qué se iba a imaginar cómo me acababa de fusilar?"

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Nueve meses después del hecho, Lucas sostiene: "Nunca voy a comprenderlo, no me entra en la cabeza. Yo jamás le tiraría a una persona, y menos estando en el piso. Si hubiera querido llevarme en cana, me hubiese pegado un tiro en la pierna. Pero no, quería matarme. Walter, mi vecino de enfrente, me subió a su coche y me llevó al hospital Argerich. Recuerdo el viento dándome en la cara. Escuché bocinazos, gritos y después más voces. "Apurate, apurate", decía uno. "Un médico, un médico", decía otro, más allá. No sé cuántos días estuve hasta que volví a despertar, pero ahí estaba mi papá. Le dijeron que podía quedar "sordo, ciego y mudo". Me durmieron y me llevaron a traqueotomía. De mi estancia en el Argerich, no me acuerdo nada más.Todavía tengo esa bala acá, alojada en la médula. Hay riesgo si se opera y, así, la bala está encapsulada. Tal vez, una vez que me saquen la traqueotomía, me coloquen una plaquetita para fijar dos vértebras fracturadas, pero eso llevará tiempo, porque no tengo fuerza ni para toser...Y a veces, me falta el aire."

Además, reflexionó sobre el hecho de que un suceso protagonizado por un agente de la Metropolitana sea peritado por la misma Policía." ¡Fue esa Policía la que montó un cerco humano alrededor de mi casa para sacarlo a Ayala! No lo taparon para detenerlo. Lo taparon, para llevárselo".
Si hubiera querido llevarme en cana, me hubiese pegado en la pierna. Pero no, quería matarme
En cuanto a su estado actual, Cabello contó que no volverá a caminar y que se encuentra en plena recuperación: "Ahora me espera una vida muy diferente. Desde el 1 de diciembre estoy en la clínica de rehabilitación Ciarec, ganando un poco más de independencia, a fuerza de ejercicios y terapia ocupacional. Pude volver a escribir y dibujé para mi hija con la mano derecha, a pesar de ser zurdo. Quiero recuperarme tanto como se pueda y por eso trabajo día a día para mantener el torso, mover las manos y fortalecer mis brazos. Quiero hacerle upa, otra vez. Voy asumiendo, poco a poco, que no volveré a caminar."

"Mi familia me levanta cuando estoy muy bajoneado, aunque debe ser mucho más duro para ellos que para mí. Y por ellos, por ustedes, por todas las personas que todavía me esperan, voy a volver.
No sé cómo, ni cuándo, pero voy a volver a mi barrio", finalizó