Michel Temer jurará como presidente y deberá enfrentar la dura crisis política y económica que atraviesa el gigante latinoamericano. Con apenas un 13% de imagen positiva y respaldado por sectores de derecha que exigen un fuerte ajuste, el flamante presidente se ve en la disyuntiva de tomar medidas antipopulares y enfrentar protestas o perder su base de apoyo.
Finalizado el largo proceso de impeachment contra la ahora ex presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se abre una nueva etapa en el gigante latinoamericano en medio de una profunda crisis tanto política como económica y de la escándalo de corrupción que involucra a Petrobras y funcionarios públicos de casi todo el abanico político. Con apenas un 13% de imagen positiva, quien fuera el compañero de fórmula de Dilma y luego el principal impulsor de su destitución, Michel Temer, se hará cargo del Poder Ejecutivo hasta cumplir el mandato por el que habían sido elegidos.

Así Temer jurará este miércoles como el nuevo presidente de Brasil, el octavo desde el fin de la dictadura y luego viajará a la cumbre del G-20 donde será recibido, no ya como presidente interino, sino como el legítimo mandatario brasileño.

Aunque el Senado aprobó la destitución de Rousseff luego de 6 años en el poder, la ex mandataria no fue inhabilitada para ejercer cargos públicos por lo que podría aspirar a un cargo en las elecciones del próximo año.

La larga lista de desafíos económicos, políticos, sociales y hasta judiciales anticipan dos años muy duros de gobierno que enfrentará Temer además de su muy magra popularidad. Deberá oxigenar una economía en una de las peores crisis de su historia y atender a las presiones de la heterogénea base de partidos que impulsó su ascenso.

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Durante los meses que duró el impeachment, Temer construyó su gobierno con un equipo económico y un gabinete ligado a la centro derecha y ahora como presidente deberá cumplir con las expectativas de estos sectores que lo apoyaron y que son el sustento de su gobierno.

"Temer está apoyado por sectores conservadores y vio una oportunidad de llegar a la presidencia. Pero él es un conciliador y nunca defendió la privatización de Petrobras o la venta de tierras, todas ideas que están apareciendo ahora", aseguró a la agencia de noticias AFP Roberto Requiao, senador del PMDB contrario al impeachment. "Y si no lleva adelante ese programa radical, no va a resistir las exigencias de esos grupos conservadores, y si lo hace, estallará otra crisis", advirtió.

Las exigencias no se hicieron esperar: "Ahora tiene que demostrar a qué vino", dijo Carlos Kawall, economista jefe del Banco Safra y exsecretario del Tesoro Nacional.

Además el nuevo gobierno no es ajeno a las denuncias de corrupción. El caso "Petrolao", una confabulación empresarial y política por la que se desviaron millones de dólares de la estatal pertrolera Petrobras salpicó a Temer también.

En su primer mes de gobierno interino, Temer perdió tres ministros por el "Petrolao" y su nombre fue mencionado en declaraciones hechas por acusados que buscan una reducción de sus condenas. Temer negó los señalamientos y no está siendo investigado. Pero el caso fue la bandera de las manifestaciones que sustentaron el impeachment. También enfrenta una investigación del Tribunal Superior Electoral sobre presunta financiación ilegal durante la campaña que alcanza a la fórmula que integró con Rousseff.

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