Los presidentes Correa y Maduro retiraron a sus representantes diplomáticos. Denunciaron además en una reunión ordinaria de la OEA la avanzada "del imperialismo y la oligarquía contra los gobiernos revolucionarios y progresistas de América Latina y el Caribe".
Los gobiernos de Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela condenaron el "golpe de estado parlamentario" que terminó este viernes con la presidencia de Dilma Rousseff en Brasil.

El primer país de América latina en emitir una declaración de rechazo al resultado del juicio político a Rousseff fue Ecuador, cuyo gobierno también convocó a consultas a su encargado de negocios en Brasil, el máximo representante ecuatoriano en ese país.

"El Gobierno del Ecuador rechaza la flagrante subversión del orden democrático en Brasil, que considera un golpe de Estado solapado. Políticos adversarios y otras fuerzas de oposición se confabularon contra la democracia para desestabilizar al Gobierno y remover de su cargo de forma ilegítima a la presidenta Dilma Rousseff", aseguró la cancillería ecuatoriana en un comunicado.

También consideró que fue "espurio" el juicio político, debido a que "no cumplió con el requisito fundamental de probar que la mandataria haya cometido delitos de responsabilidad".

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En mayo, Quito había llamado a consultas a su embajador en Brasil, Horacio Sevilla, que desde entonces no volvió al puesto y en junio fue nombrado representante permanente de Ecuador ante Naciones Unidas. Por lo que el máximo representante de Ecuador en Brasil era hasta ahora Santiago Javier Chávez Pareja, como encargado de negocios.

Ecuador advirtió entonces que de concretarse la separación definitiva del cargo de Rousseff "reaccionaría con mayor radicalidad".

Por su parte el gobierno venezolano de Nicolás Maduro anunció el retiro de su embajador y el congelamiento de sus relaciones con Brasil al condenar "enérgicamente" la destitución de Rousseff con un "golpe de Estado parlamentario".

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Venezuela "ha decidido retirar definitivamente a su Embajador en la República Federativa de Brasil, y congelar las relaciones políticas y diplomáticas con el gobierno surgido de este golpe parlamentario", subrayó la cancillería en un comunicado.

Poco después se conoció una declaración del gobierno cubano, que rechazó "enérgicamente el Golpe de Estado parlamentario-judicial que se ha consumado" en Brasil.

El pronunciamiento señala que la destitución de Rousseff constituye "un acto de desacato a la voluntad soberana del pueblo que la eligió" y supone "otra expresión de la ofensiva del imperialismo y la oligarquía contra los Gobiernos revolucionarios y progresistas de América Latina y el Caribe, que amenaza la paz y la estabilidad de las naciones".

En el ámbito de la OEA, se reportaron además las condenas de Bolivia, Venezuela y Nicaragua.

"Aunque aún este Consejo no se haya dado por enterado, se ha dado un golpe de Estado parlamentario en el país más grande de Suramérica", exclamó el embajador de Bolivia ante el organismo americano, Diego Pary, frente a una reunión ordinaria que transcurría sin comentarios en torno a lo que sucedía en Brasil.

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"Creíamos que la democracia estaba consolidada pero esto nos muestra que la democracia siempre estará frente a los desafíos siniestros de la oscura historia antidemocrática", añadió.

A su turno, la representante alterna de Venezuela, Marlene Da Vargem, salió en respaldo del diplomático boliviano y subrayó la ilegitimidad del juicio político en una democracia en la que "sólo los ciudadanos pueden decidir".

El nicaragüense Luis Exequiel Alvarado opinó que "las fuerzas regresivas del hemisferio siguen trabajando para provocar Golpes de Estado en contra de los gobiernos progresistas de la región".

Los demás representantes guardaron silencio después de estas intervenciones, con la excepción de la delegación de Brasil, que se limitó a agradecer la "solidaridad en este momento difícil de nuestra historia" y aclarar que habrá nuevos pronunciamientos sobre este asunto en el futuro.