En los últimos siete años, mataron a unos 144.000 animales, lo que representa un 30% de los que quedaban. Se trata del primer censo continental que retrata la feroz caza por el marfil.
En África el negocio del marfil es cada vez más aterrador porque significa la muerte indiscriminada de miles de elefantes. Cada 15 minutos, muere uno de estos animales. Es que varios ejércitos como los extremistas cristianos del Ejército de Resistencia del Señor, en Uganda, o los fundamentalistas islámicos de Boko Haram, en Nigeria, que se financian con la venta del marfil.

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"La vanidad, para lucir collares y pulseras de marfil, está generando una demanda que dispara la matanza de elefantes", lamentó Anthony Banbury, un antiguo funcionariode Naciones Unidas que ahora dirige los proyectos de filantropía del multimillonario Paul Allen, cofundador de Microsoft.

Banbury presentó esta semana los resultados del esperado primer censo continental de elefantes, durante el Congreso Mundial de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que se celebra hasta el 10 de septiembre en Honolulu (EE UU). Los datos son escalofriantes.

La población de elefantes africanos de sabana cayó un 30% entre 2007 y 2014 por la caza furtiva y la destrucción de su hábitat. El creciente declive ya alcanza el 8% anual, principalmente debido a las matanzas ilegales. El censo, realizado en 18 países, ha contado exactamente 352.271 supervivientes.


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Desde 2007, por lo tanto, la humanidad asesinó a unos 144.000 elefantes. A este ritmo, serían eliminados de la faz de la Tierra en poco más de 15 años. El elefante de bosque, diferente del de sabana y no incluido en el censo, también desaparece a una velocidad alarmante.

Hace un año, el presidente estadounidense, Barack Obama, y su homólogo chino, Xi Jinping, anunciaron un acuerdo hacia la prohibición "casi completa" de la importación y la exportación de marfil, con excepciones como los trofeos de caza deportiva debidamente documentados. China es el gran mercado negro de marfil, considerado allí una símbolo de estatus social. "Hay que prohibir también el comercio de marfil dentro de los países. Si conseguimos que todo el comercio de marfil sea ilegal, veremos recuperaciones muy importantes de las poblaciones de elefantes", explicó en Honolulu el ecólogo estadounidense James Deutsch, vicepresidente de la Wildlife Conservation Society.