Pablo Rodríguez Denis
Pablo Rodríguez Denis
"Mi mayor dificultad soy yo mismo. No es importante el tenis sino soportar el esfuerzo mental y físico que hago para conseguir jugar. El objetivo es recuperarme del todo para poder estar sano. Tengo que pasar por esto y superarlo". Hace apenas cinco meses, Juan Martín Del Potro intentaba justificar así los altibajos que mostraba en cada una de sus presentaciones tras la larga inactividad producto de las operaciones en su maltrecha muñeca izquierda.
La sorpresiva caída en segunda ronda del Masters 1000 de Miami ante su compatriota Horacio Zeballos y lo molesto que se lo vio con su físico durante ese encuentro habían vuelto a abrir un signo de pregunta sobre sus posibilidades de volver, al menos, a cumplir un papel digno en el siempre exigente circuito ATP.

Emotivo mensaje de Del Potro a sus amigos.mp4
EL REGRESO DE LA TORRE

Mientras varios "eruditos" en la materia daban por descontado que no volvería nunca a mostrar el nivel que lo llevó a lo más alto y hasta hubo quienes esbozaron la posibilidad del retiro, el tandilense pareció cambiar el chip y armó un calendario a su medida. Así, en mayo anunció que no jugaría Roland Garros para apuntar a la gira de césped y a la chance de volver a estar en una serie de Copa Davis.

Lentamente, y no sin un esfuerzo inconmensurable mediante, las constantes molestias fueron siendo cada vez menos frecuentes, los resultados comenzaron a aparecer y la cabeza de Del Potro, tantas veces fustigada por los críticos de turno, pareció hacer un clic que terminó siendo determinante en el este presente de ensueño.

Fue así como, luego de quedar eliminado en tercera ronda de Wimbledon ante el francés Pouille, el tandilense se abocó íntegramente a otro de sus grandes objetivos: el regreso a la Copa Davis tras cuatro años. Y las cosas salieron a la perfección. Junto a Guido Pella, vencieron en el punto de dobles a la pareja italiana en un punto que luego sería clave para sellar el pasaje a las semifinales del certamen del conjunto capitaneado por Daniel Orsanic.

Juan Martín Del Potro, luego del triunfo sobre Italia en la Copa Davis.mp4
Del Potro, ya "amigado" con su físico, había cumplido otra de sus metas post lesión: su reconciliación definitiva con el público argentino. La "Torre de Tandil" estaba de vuelta.

LA EXPLOSIÓN

Los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro era otra de las citas a las que el jugador de Tandil no quería faltar en este 2016. Sin embargo, superadas las dudas sobre si la Federación Internacional de Tenis lo dejaría finalmente participar debido a no cumplir los requisitos, llegó la peor noticia: el debut sería nada menos que ante el serbio Novak Djokovic, Nº1 del mundo.

El mundo del tenis -casi en su totalidad- lo daba por eliminado.
Hasta él mismo admitió que no podía creer su mala suerte. Pero el destino le tendría preparado un capítulo inolvidable. Apenas el primero de una seguidilla que, hasta hoy, sigue entregando emoción tras emoción.

Jugando, por escándalo, el mejor tenis en varios años, Del Potro silenció al mundo entero al eliminar al serbio por un doble 7-6. Era el partido inaugural de una cita olímpica que encontró al tandilense en su esplendor. Tras esto llegaron más victorias, la confianza fue creciendo y el nivel, ése que tanto le había costado recuperar, ya estaba a la altura de su mejor versión. Pero aún faltaba más.

El escollo en semifinales para un Del Potro que, nobleza obliga, ya estaba hecho con el soberbio torneo que venía realizando, era un tal Rafael Nadal, al que, tras batallar en un maratónico encuentro de cuatro horas, también se iba a sacar de encima para meterse en la final y superar la medalla de bronce obtenida en Londres 2012.

La final ante Andy Murray fue otra "guerra" de más de cuatro horas en la que, esta vez, el ganador iba a estar del otro lado. Pese a haberle robado un set y a jugarle de igual a igual al británico (en un nivel superlativo), Del Potro se iba a terminar conformando con llevarse la medalla de plata. "Conformando"...bah, como si fuera poco. Ni el más optimista hubiese vaticinado un final así. Ni él mismo, incluso.

SU TORNEO PREFERIDO


Horas después, y tras ser recibido como un héroe en su regreso al país, la organización del US Open confirmó su invitación para el cuadro principal. Anunciado con bombos y platillos, el campeón de 2009 volvía a jugar "en el patio de su casa". El último Grand Slam del año contaría con un Del Potro del que, a esta altura, ya hablaba el mundo entero.

Como en 2009, año que lo vio en la cima, el debut fue ante un argentino. En aquella ocasión había sido Juan Mónaco y esta vez le tocaba presentarse ante Diego Schwartzman. ¿El resultado? El mismo. Victoria contundente en tres sets para dar el primer paso.

El 142º del mundo (ranking mentiroso si los hay) siguió su camino e hilvanó una serie de triunfos a plena confianza. Así pasaron nada menos que Steve Johnson (22º), David Ferrer (13º) y el austríaco Dominic Thiem (10º), el cuarto top ten al que Del Potro logró batir tras su inactividad.

US OPEN 2016 - Juan Martin del Potro d. Dominic Thiem - Post-Match INTERVIEW.mp4
Los fríos números, muchas veces elocuentes y otras tantas insulsos, no dejan demasiado margen. En su camino a los cuartos de final del US Open, el tandilense no cedió un set y, literalmente, pasó por encima a cada uno de sus rivales, todos ellos de la elite del tenis mundial.

Sin embargo, saliendo del análisis matemático, lo que no deja de sorprender es el majestuoso nivel desarrollado por Del Potro. A su característica "bomba" de drive (sin dudas la mejor del circuito), le sumó efectividad en el primer saque, precisión en el segundo, una volea mejorada producto de su trabajo en el dobles y, sobre todo, la recuperación de ese revés a dos manos que lo tuvo a mal traer en cada una de sus presentaciones posteriores a la larga inactividad.

Esa maldita muñeca izquierda le había imposibilitado golpearlo con comodidad y durante gran parte del año se lo vio pegando con slice, apenas un recurso para salir del paso. Así era como sus rivales advertían esta falencia y volcaban prácticamente todo su juego para ese lado. Hasta ahora.

Con la confianza de los resultados y el físico en su mejor momento, ese revés fue mutando y hoy en día es una herramienta más de las tantas que ganó Del Potro en este tiempo. Porque ese perfeccionamiento del slice lo supo aprovechar para cambiar el ritmo de los partidos. Pero sobre todo porque ahora también puede pegar de revés. Y vaya si lo hace.

El suizo Stanislas Wawrinka (3º) será el hombre que tendrá enfrente Juan Martín Del Potro este miércoles en los cuartos de final del US Open. Un rival al que ya derrotó en Wimbledon de este año, pero que siempre resulta un hueso duro de roer para cualquiera. No por nada es el tercer mejor tenista del mundo en la actualidad.

Con la esperanza intacta y un techo que parece estar cada vez más alto, Del Potro afrontará este nuevo reto envuelto en un mar de confianza, jugando "en el patio de su casa", con un público que lo tiene como favorito y luciendo un nivel que nada tiene que envidiarle al que levantó este mismo trofeo hace ya 7 años.

Sea cual sea el resultado, el jugador que tanto luchó por esto podrá igualmente darse por satisfecho. De aquel desilusionado y solitario Del Potro que corría en una cinta pidiendo "volver a ser feliz", hoy sólo queda un vago recuerdo.