Una mujer neuquina denuncia que sufrió mala praxis durante el parto de su segunda hija en 2010 cuando un anestesista de una importante clínica de maternidad de la calle Belgrano, le aplicó la epidural y tocó con la aguja la aracnoides, una membrana que protege la médula espinal. Desde ese día tiene aracnoiditis adhesiva crónica, una enfermedad que deja a la mayoría en silla de ruedas. Debería estar inmovilizada, pero camina lento con dos bastones con apoyabrazos.
"Pasó en 2010, era mi segundo embarazo y quería parto natural pero como no dilataba, la médica determinó cesárea. Me colocaron la anestesia y me sentí mal: no podía respirar, tiré una bandeja y ahí escucho que dijeron ´dormila´. Tras el parto, el anestesiólogo y la ginecóloga me dijeron ´la aguja se pasó una membrana´", contó Lucrecia Peñalva, de 35 años, al diario La Mañana de Neuquén.

"Hay un potocolo que hubiera aliviado mucho las secuelas y los médicos lo conocían, pero quisieron zafar. Si en la clínica hubieran tenido un poco de humanidad, yo no estaría así, agregó.

Ella sentía hormigueo en las piernas y lo asoció al cansancio. A los dos meses, empezó a caerse sin motivos. Consultó a su médico clínico, quien sospechó que tenía aracnoiditis, y lo confirmó tras unos estudios. Su enfermedad deja a la mayoría en silla de ruedas.

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Peñalva tiene el mismo dolor de un cáncer de nivel 4. Debería estar inmovilizada, pero camina lento con dos bastones con apoyabrazos. Resiste por sus hijas, para que no la vean vencida.

“Quiero que algo cambie, que haya información para los pacientes y control de las cirugías; quiero demostrarles a mis hijas que esto no va a volver a pasar, porque la de 12 años me dice que no quiere tener hijos”, afirmó.

Peñalva presentó una denuncia judicial contra la clínica de maternidad y los médicos que la atendieron en su cesárea de 2010. Acusa a los profesionales de “mala praxis” por no haber aplicado el protocolo para los casos en los que la epidural afecta la aracnoides.