Una organización reveló el caso de Russet, un macho al que le pusieron tantos marcadores en sus espinas que no pudo hacerse una bolita como corresponde a su especie.
Las autoridades sanitarias del Reino Unido están ante un caso de crueldad animal inesperado tras la muerte de Russet, un erizo que fue abusado salvajemente por unos científicos de la Universidad de Nottingham Trent.

Los científicos le pegaron a Russet 26 marcadores en sus espinas con una pistola de plástico caliente, además de adherirle una antena y radiotransmisor, lo que lo dejó incapaz de moverse con normalidad para buscar su comida, escapar de su depredadores y deambular por su territorio, informó el sitio ITV.

Paradójicamente, el objetivo de cargar de ese modo a Russet era saber cómo se alimentaba, por dónde y cómo era su vida.

El animalito fue rescatado el 17 de junio pasado por Lynda Britchford, del Centro de Rehabilitación de Erizos Salvajes de Oxton, sólo ocho días después de que le pusieran los accesorios, y ya había perdido el 28 por ciento de su peso.

Además, Russet tenía los dedos de una pata rotos, tenía colitis, estaba estresado por no poder hacerse una bolita y había bajado de 437 gramos a 243, lo que impulsó quejas no sólo de Britchford sino también de otras organizaciones de rescatistas.