Federico Mana
Federico Mana
Aunque resultara un hecho menor y trivial, las repercusiones por la separación de Brad Pitt y Angelina Jolie nos llevan a pensar sobre cómo idealizamos los seres humanos a los demás y a preguntarnos si vivimos en la realidad o en las ideas que de ella nos hacemos.
Parecían ser la pareja perfecta: completamente exitosos, sumamente atractivos, dos íconos de su tiempo conviviendo en armonía y formando una familia de ensueño. Todo esto representaba "brangelina", el matrimonio ideal que anhelan millones de personas en el mundo. Sin embargo la noticia de su divorcio generó un cimbronazo que echó por tierra toda esta construcción idealista poniendo en evidencia que por más estrellas de cine que fueran, Brad y Angelina son humanos, demasiado humanos.

Pero ¿por qué idealizamos? ¿Qué necesidad nos mueve a formular constructos sobre la gente? Para comenzar debemos decir que por "idea" entendemos a aquella representación mental que se constituye para dar cuenta de un ente determinado de forma abstracta. Decimos "mental" porque sostenemos que son creaciones humanas, aunque dentro de la historia de la filosofía no siempre se las vio así; por caso para Platón las ideas eran entes perfectos que existían por sí mismas y el ser humano en vez de crearlas lo que debía hacer era llegar a ellas por medio de la sabiduría.

Ahora bien, independientemente de lo que haya dicho Platón o aún Hegel (para quien la "idea" se desplegaba a través de la historia en un proceso dialéctico), podemos afirmar que las personas estamos en contacto permanente con las abstracciones que nos vamos formando de todo lo que nos rodea: como no somos capaces de portar la realidad en nuestros hombros, nos hacemos "ideas" de las cosas para poder expresarnos sobre ellas. Es en este punto donde se abre la tremenda discusión filosófica acerca de si lo que existe es lo real o, simplemente, los constructos mentales que vamos creando con el tiempo.

¿Qué necesidad nos mueve a formular constructos sobre la gente?

En tal sentido, estas circunstancias nos llevan a cuestionarnos cómo es que constituimos ideas constantemente sobre el mundo que nos rodea o las personas de nuestro entorno y, más que nada, cómo afectan en nuestras relaciones y en las expectativas que depositamos sobre los demás. ¿Por qué Angelina y Brad tenían que ser perfectos? ¿Por qué debían encarnar todos nuestros sueños de amor eterno? Cuando idealizamos lo que estamos haciendo es tomar indicios de lo que observamos y elevarlo hasta el plano de lo mejor posible. Es algo que sucede cotidianamente y que quizás ni siquiera podamos evitar, por lo que la discusión pasará al plano de qué hacemos con tal idealización.

Así pues podemos idealizar trabajos, lugares, artistas, políticos y parejas entre otras cosas. Claro que el conflicto emerge cuando no damos lugar a que la "realidad" contradiga a nuestras "ideas" abriéndose dos posibilidades: o negar lo que está sucediendo o desilusionarse. Es lo que sucede cuando, por ejemplo, una banda de rock se separa; sus fans sufren la situación y se sienten defraudados porque sus "ídolos" no son capaces de responder a sus requerimientos de obrar como ellos consideran que deben hacerlo. De tal forma no se tienen en cuenta los deseos, los objetivos, ni las ganas de nuevos proyectos que los integrantes pudieran tener.

En resumidas cuentas la idealización pareciera reducir a los otros a meros actores de nuestras expectativas, logrando por ende subsumir egoístamente a los otros. Fijémonos si no qué ocurre cuando nos enamoramos perdidamente de alguien: vemos al otro como portador de todas las características que pretendemos que nuestra pareja tenga, lo que se traduce en la puesta sobre sus hombros de nuestras expectativas. Así llegamos al punto de no saber si amamos a la persona que tenemos enfrente o amamos la idea que nos hicimos de ella. ¿Y qué pasa cuando descubrimos su humanidad por fuera de nuestras ideas? La fugacidad de las relaciones y la imposibilidad cada vez más frecuente de establecer una pareja duradera quizás sea una respuesta a esta pregunta.

Por todo esto ¿hace falta idealizar tanto? ¿Por qué no podemos evitar hacerlo? Si bien formular representaciones abstractas es un acto plenamente humano, tal vez la lógica impuesta de que los otros han de cumplir requisitos como cualquier otro objeto de consumo nos ha llevado a idealizar hasta el paroxismo, pretendiendo encontrar esa perfección única que nosotros construimos en nuestras cabezas y que buscamos adherirle a los demás sin importarnos si ellos realmente son o quieren ser así. En conclusión, Brad y Angelina tienen derecho a decidir sobre sus vidas, aún a contramano del anhelo de sus fans y si esto nos molesta tanto ¿será porque duele la ruptura o porque duele admitir que nuestras idealizaciones no siempre se cumplen?