La empleada de un hotel de la localidad santafesina de Puerto General San Martín corre una desesperada carrera contrarreloj para conseguir la adopción de un adolescente nigeriano de 17 años, que llegó al país hace diez días como polizón escondido en un barco cerealero, y que en las próximas horas podría ser deportado al país africano.
"Estamos tramitando todo, hice la movida con los papeles y cosas que mandamos, y a lo mejor lo puedan mandar de vuelta para darnos en adopción a nosotros", dijo a Télam Gabriela Amata, angustiada por la espera que, para bien o para mal, concluirá este martes a la noche.

Es que el joven nigeriano de 17 años, Bobby Akwaowo, fue trasladado esta tarde por la Prefectura Naval Argentina desde Puerto General San Martín, a 40 kilómetros al norte de Rosario, hacia el Aeropuerto Internacional de Ezeiza.

Según explicó Gabriela, a las 23 parte el avión que debe llevar al chico a Nigeria como consecuencia del trámite de deportación realizado ante el consulado de ese país en Argentina.

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"Que no se vaya, que no lo manden de vuelta cuando llegue a Buenos Aires", ruega Graciela en comunicación telefónica con esta agencia.

De acuerdo a lo que trascendió, el 3 de septiembre Bobby se trepó a un barco cualquiera en un puerto de su país, del que quería escapar.

El 19 de este mes el buque en el que esaba escondido ancló en la terminal que la firma Vicentín posee en Puerto General San Martín, donde el polizonte quedó al descubierto.

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Mientras se realizaba el trámite de deportación, Bobby fue alojado en el hotel Almirante de esa localidad. La cocinera del albergue, Gabriela Amata, se conmovió por la vida del adolescente, que habla inglés, y que les explicaba a las autoridades que no quería regresar a su país, del que había huido.

"Yo le llevaba la comida y tomé contacto con él, pero no quise interactuar mucho", contó Gabriela, que tiene una hija casada que le dio nietos y otro hijo fuera del país.

Ningún familiar reclamó por la suerte del joven Akwaowo, quien según Gabriela "no tiene familia que lo reclame, no quiere irse y no tiene papás".

El lunes, cuando el traslado de Bobby era inminente, la cocinera escuchó decir a los hombres que realizaban las diligencias de la deportación que podría quedarse si alguien lo adoptara. "Si sabía empezaba a moverme antes. Ahora jugamos contra el tiempo", se lamenta Gabriela, y explica que "este martes a la mañana me agarró el ataque y anduve haciendo papeles en Migraciones y parece que lo que mandé sirvió".

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Angustiada por conocer el final de la historia en la que se embarcó hace dos días, dice: "Me ofrezco a darle educación, a insertarlo en la sociedad. ¡Que me lo dejen, a qué va a ir allá!".

Según cree la cocinera del hotel Almirante, existe la posibilidad de que la deportación, que debería concretarse esta noche cuando Bobby suba al avión que lo devuelva a Nigeria, se convierta en una adopción que lo mantenga en suelo argentino.