El telescopio espacial James Webb, considerado como el sucesor del Hubble, se prepara para capturar la luz de las primeras galaxias y para profundizar en el conocimiento de la formación y evolución de los sistemas planetarios y el origen de la vida.
Más de un centenar de científicos de todo el mundo participaron en una reunión de trabajo en la sede que la ESA tiene en Villanueva de la Cañada, Madrid, para familiarizarse con los instrumentos que llevará el nuevo telescopio y las herramientas de análisis que se usarán para procesar la información que enviará a la Tierra.

El James Webb, una misión conjunta de la NASA, la ESA y la Agencia Canadiense del Espacio, incorpora un telescopio de 6,5 metros, por lo que casi triplica la de su antecesor, el Hubble, operativo desde el año 1990 y con el que convivirá en el espacio varios años.

El nuevo telescopio buscará la luz de las primeras estrellas y galaxias que se formaron tras el Big Bang y permitirá conocer cómo han evolucionado esas galaxias, los diferentes sistemas planetarios y el origen de la vida.

Pero además alcanzará a "ver" algunos de los objetos más alejados del Universo y que son en la actualidad inalcanzables desde la Tierra o desde otros artilugios espaciales, y también caracterizar algunos de los exoplanetas que se han encontrado durante los últimos años.

Entre las novedades tecnológicas del telescopio destaca la incorporación de un escudo -del tamaño de una pista de tenis- que lo protegerá de la radiación solar para mantenerlo "frío" y garantizar así su funcionamiento óptimo.

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La científica Macarena García, de la Agencia Europa del Espacio y destinada para el seguimiento de este proyecto en Baltimore, Estados Unidos, explicó que la construcción y ensamblaje de instrumentos se está realizando en diferentes países de acuerdo con los planes previstos para culminar con el lanzamiento a finales del año 2018.

Entre las pruebas definitivas García se refirió a los test que se van a realizar en una gigantesca cámara -la misma que se utilizó en la Misión Apolo- en Houston, en la que se van a simular las mismas condiciones y características con las que el telescopio funcionará en el espacio.

El investigador Luis Colina, del Departamento de Astrofísica del Centro de Astrobiología, apuntó que el "rango de longitud de onda" donde el nuevo telescopio empezará sus exploraciones "empieza donde acaba el Hubble".

El James Webb tuvo que superar numerosos vaivenes que amenazaron incluso su continuidad cuando el Congreso estadounidense puso en duda su viabilidad, pero el cierre de unos presupuestos muy rígidos (Estados Unidos aporta unos 8.800 millones de dólares y la contribución europea ronda los 600 millones de euros) permitió relanzar el proyecto y que todos los plazos se estén cumpliendo.

Todos los científicos que intervinieron hoy coincidieron al señalar que el Hubble pasará a la historia por haber encontrado y descubierto cosas que no estaban en la planificación científica de la misión, y están convencidos de que con el "James Webb" ocurrirá lo mismo y aportará información que no hoy ni siquiera se sospecha.