El abogado de la familia de la adolescente argentina asesinada en Uruguay solicitó los exámenes a la justicia del vecino país. Cree que el presunto asesino está detenido por otro delito.
A casi dos años del crimen de Lola Chomnalez, la adolescente argentina asesinada en diciembre de 2014 en Uruguay, el abogado de la familia pidió a la Justicia de ese país exámenes de ADN a 3.500 presos, para cotejar con las muestras obtenidas en la escena del crimen.

Según publica El País de Montevideo, el letrado Jorge Barrera presentó este miércoles un escrito donde solicita a la Justicia Penal que ordene a la Policía Científica la realización de exámenes de ADN a todos los presos del Comcar, la alcaidía más poblada de Uruguay, y de la cárcel de Rocha.

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A casi dos años de la muerte de la chica de 15 años, la única prueba que tiene la Justicia de Rocha y la Policía es una muestra de ADN extraída a una de las prendas que se encontraba en su mochila.

Actualmente el sistema carcelario uruguayo aloja a 10.416 presos: en el Comcar (Montevideo) hay 3.400 y en Rocha, 113. La defensa de la familia sostiene que el posible asesino de Lola podría estar preso por haber cometido otro delito.

Sin embargo, se indicó que el levantamiento de muestras de ADN a los presos que recién ingresan se hace en forma irregular por la Policía Científica y en el interior, ni siquiera se realiza.

"Creemos que esta (el levantamiento de muestras de ADN de los presos del Comcar y de la cárcel de Rocha) es una herramienta fundamental para esclarecer el crimen que no se puede obviar", sostiene el escrito presentado por Barrera.

Por el Juzgado Penal de Rocha ya pasaron 30 personas que fueron investigadas, entre ellas el entorno de Lola, quien había ido al balneario de Barra de Valizas a pasar las fiestas con su madrina, el marido y el hijo adolescente de la mujer.

Las pericias forenses concluyeron que Lola sufrió varios cortes en el cuello con un cuchillo de mesa y murió sofocada en la arena.

El cuerpo de Chomnalez fue hallado el 30 de diciembre de 2014, dos días después de su desaparición, semienterrado en una playa entre los balnearios de Valizas y Aguas Dulces, a tres kilómetros de la casa donde se hospedaba junto a la familia de su madrina.