Un joven llamado Brryan Jackson volvió a declarar contra su padre Bryan Stewart quien le inyectó sangre infectada con VIH cuando era bebé para no pagar la mensualidad. La justicia de Misuri, Estados Unidos, decidió que al preso se le negara la libertad bajo palabra por otros cinco años.
"Cuando nací, mi padre estaba muy entusiasmado. Pero todo cambió cuando se fue a la operación 'Tormenta del desierto' (la ofensiva aliada en la Guerra del Golfo) y cuando volvió de Arabia Saudita su actitud era completamente distinta", aseguró Jackson en esta oportunidad según BBC Mundo.

Stewart comenzó a desconocer a Jackson como su hijo, pidió pruebas de ADN y comenzó a maltratar verbal y físicamente a su madre.

Cuando finalmente ella lo dejó, la pareja se enfrascó en un amargo conflicto por la manutención de sus hijos, la que Stewart se negó a pagar. Durante esas peleas, Stewart hacía siniestras amenazas.

"Solía decir cosas como: 'Tu hijo no vivirá más allá de los 5 años' y 'Cuando te deje, no va a quedar ningún vínculo entre nosotros'".

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Por esa época Stewart, quien consiguió trabajo tomando muestras para un laboratorio, comenzó secretamente a guardar en su casa muestras de sangre infectadas, algo que los investigadores descubrirían tiempo después.

"Solía bromear con sus colegas y decir: "Si quisiera infectar a alguien con estos virus, nunca sabrían quién lo hizo", contó Jackson.

Para cuando Jackson tenía 11 meses, sus padres habían perdido completamente contacto. Pero cuando Jackson cayó en el hospital por un ataque de asma, su madre tomó el teléfono.

"Mi madre llamó a mi padre y le contó. Asumió que le interesaría saber que su hijo estaba enfermo. Cuando lo llamó, sus colegas le dijeron: 'Bryan Stewart no tiene hijos'".

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Brryan Jackson, a la derecha, junto a su padre <br>
Brryan Jackson, a la derecha, junto a su padre
El día que estaba siendo dado de alta, Stewart se apareció inesperadamente.

"No era un padre muy presente, así que a todos les extrañó que apareciera", dice Jackson.

"Mandó a mi mamá a la cafetería por un café, así podía estar a solas conmigo".

Y cuando no hubo moros en la costa, Stewart tomó una jeringa con sangre contaminada con VIH y se la inyectó.

"Esperaba que me muriera, así no tenía que pagar mi mantención", dice Jackson.

"Durante la audiencia él se refirió a mí como su hijo. Traté de alzar mi mano para pedir que se refiriera a mí como su víctima. ¿En qué momento había sido yo su hijo? ¿Era su hijo cuando intencionalmente me inyectó VIH?

En julio, Jackson recibió una carta de la Oficina de Cárceles de Misuri. Le informaba que, considerando la audiencia, se le había negado la libertad bajo palabra a su padre por otros cinco años.