No basta con meter el vino blanco en la heladera, darle un golpe de freezer al champagne y dejar el tinto en un estante para garantizar que la uva dé lo mejor de sí.
La temperatura promedio que debe tener una cava para conservar la calidad y el gusto de los vinos es de 12ºC a 15ºC, pero a la hora de pasar a la mesa -y a las copas-, cada cepa tiene sus propias indicaciones que garantizan el mejor sabor para el paladar.

Por regla general, los vinos tintos se sirven a temperatura ambiente, pero en pleno verano el calor puede arruinar un Malbec, un Syrah o un Cabernet, que se lucen mucho mejor a 21 grados como máximo.

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Un Merlot, en cambio, necesita estar a 13 o 15 grados para disfrutarlo mejor debido a las propiedades de la cepa en sí.

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El Pinot Noir, por ser un vino tinto liviano, queda exquisito a una temperatura de entre 10 y 13 grados.

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El Chardonnay se sirve a 10 grados así que es recomendable meterlo en la heladera varias horas antes de tomarlo, o ponerlo 30 minutos en el freezer en caso de no tener mucho tiempo.

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Tanto el Sauvignon Blanc como el Pinot Grigio se deberían servir a 7 grados. Al contrario de como pasa con el champagne, no hace falta ponerlo en hielo una vez abierto.

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El champagne, mejor dicho, el vino espumante ya sea de la región francesa de Champagne o no, se toma a una temperatura de 4 a 10 grados y se mantiene en hielo una vez abierto.

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Durante el tiempo que pasan en la cava, todos los vinos tienen que estar acostados, a oscuras, a salvo de la vibración y a una temperatura que fluctúe menos de 10 grados en todo el año.