Federico Mana
Federico Mana
La difusión de la estafa denominada "flor de la abundancia" nos invita a pensar por qué el ser humano se deja convencer fácilmente ante promesas espurias y si esto no tiene que ver con la necesidad de ser partícipe de algo "más grande".

No es novedad tomar conocimiento a menudo del arraigo de diversas estafas de tipo piramidal, aquellas que bajo la promesa de una cuantiosa ganancia producto de una mínima inversión colectiva, no hace más que esquilmar a la mayoría de aquellos quienes confían en este tipo de estratagemas. En los últimos tiempos, la estafa ha tomado el nombre de mandala, telar o flor de la abundancia y no consiste más que en establecer un grupo de quince personas, ocho de las cuales deberán invertir cierta cantidad de dinero a la espera de superar niveles hasta llevarse una ganancia por demás superior a lo "regalado".

Claro que, matemáticamente, la única manera posible de que todos los participantes ganen es que la operación de dar y recibir se repita lisa y llanamente hasta el infinito, ya que una vez que las inversiones se cortan, necesariamente habrá gente que haya dado su "regalo" sin recibir nada a cambio.

Ahora bien, podemos entender rápidamente por qué atrae la idea de un esquema en donde se deposita cierta cantidad de dinero y por el "fluir" del mismo al finalizar el ciclo uno obtendrá abundancia, o en su defecto, mucho más dinero que pareciera haber crecido mágicamente. A lo largo de la historia millones han sido los hombres y las mujeres que han sido guiados por su esperanza de obtener grandes ganancias sin un esfuerzo desolador; ya sea "conquistando" América, encontrando el mítico País de Cucaña o Jauja, persiguiendo un tesoro escondido o jugando a la lotería, el principio es el mismo: poder salir con la mayor premura posible de una situación no reconfortante para pasar a la riqueza absoluta. ¿Quién no se ha visto tentado alguna vez con la consecución inmediata de algún objetivo realmente inalcanzable pero subjetivamente deseable?

Así pues es dentro de esta lógica del deseo y de la búsqueda por trascender mágicamente el modelo económico establecido donde se enraízan las estafas de tipo piramidales, aquellas cuyo discurso dice que "todos ganan" pero las matemáticas afirman que sólo gana un mínimo porcentaje producto del límite inexorable con el que se encuentra la división del "mandala" al cerrarse el círculo.

Sin embargo, un rasgo absolutamente particular de este sistema engañoso tiene que ver con los conceptos y categorías a las cuales alude, que buscan ocultar las comprobaciones numéricas y convencer a las personas para que participen desde una cosmovisión diferente. Desde el nombre "mandala", el establecimiento de los niveles "fuego", "aire", "tierra" y "agua", el llamado a la "abundancia" hasta el deseo de una supuesta sincronización universal entre la reproducción celular y este sistema piramidal (aderezado cómo no con un toque de la tan manoseada "física cuántica"), todo hace notar que la urgencia económica será maquillada por una búsqueda trascendental apelando a lo mítico.

Es decir, la estafa se cierra no sólo por la búsqueda de obtener dinero a cambio de que otro te lo regale, sino también porque el convencimiento de este acto se da por la explotación del deseo humano de encontrarle un sentido a la vida, de querer trascender nuestra biología, de no resignarnos a ser sólo materia. Así entonces se abre el campo incomprobable del "más allá" que viene a mitigar nuestra necesidad de sentirnos parte de algo superior a esta vida terrenal.

Como lo narra con gran maestría Umberto Eco en su novela "El Péndulo de Foucault", al ser humano le cuesta aceptar la belleza de la simplicidad por lo que suele preferir la complejidad, lo oscuro, lo indemostrable para sentirse él mismo complejo, elevado, diferente. Esta actitud es la que permite la proliferación de teorías conspirativas o la difusión de un modelo económico "alternativo" hipotéticamente conectado con las energías del universo quienes siempre buscan recompensarnos por lo que si perdemos dinero recibiremos ese significante vacío que es la "abundancia" por otro lado.

El filósofo Guillermo de Ockham postuló lo que se denomina como "navaja de Ockham" esto es, no duplicar las cosas sin necesidad o, también, que la respuesta más sencilla es la que mayor probabilidad posee de ser cierta. Ante la flor de la abundancia lo más sencillo es aceptar la demostración matemática (googleando se encuentra rápida y pedagógica) que muestra cómo es imposible que todos ganen y que, por el contrario, terminan más personas perdiendo dinero que las que lo obtienen según lo prometido.

Pero claro, aceptar esto sería para algunos aceptarse regidos por una lógica que no los llena, que les parece simplista y que buscaría reducir la totalidad del ser; por ello elegirán pensar que tales demostraciones están confeccionadas por ignorantes quienes no pueden ver la verdadera dimensión de la realidad, preferirán ver incluso en este texto los hilos maquiavélicos de una teoría conspirativa que busca enterrar un supuesto modelo económico sustentable y horizontal donde se tejen lazos entre las personas y este ente inmaterial indefinible llamado "energía universal". No obstante quizás lo más simple sea aceptar que aún somos ingenuos, que aún soñamos con ganar mucho dinero en poco tiempo, que nos cuesta ver que en lo simple también reside la maravilla y que, además, aún hay mucha gente dispuesta a engañarnos y a aprovecharse de nuestras debilidades.