Samah es una mujer que vivía soltera en Jordania. Conoció en un lugar público al hombre que más tarde se convertiría en su esposo, pero las cosas salieron terriblemente mal.
Dos semanas después de la boda, él dejó el país y la llamó por teléfono, pero no era para darle explicaciones sino para extorsionarla. El hombre había instalado cámaras en su hogar y la había filmado en los momentos más íntimos.

Después de haberse casado como cualquier otra mujer, Samah explicó: "Apenas llegamos a la casa, en el momento en el que se cerró la puerta, me di cuenta que me había casado con un completo extraño. Era vulgar y me trataba como un objeto".

Dos semanas después de la boda su marido dejó el país y a los dos días recibí una llamada telefónica. "Empezó a chantajearme. Tenía la herencia que me había dejado mi padre: algo de tierra y dinero en el banco", explicó. Ella se sentía segura con su marido, pero después se enteró que en todos los rincones de su hogar había cámaras escondidas.

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"En el video que recibí se me veía teniendo relaciones sexuales son mi marido", comentó en un video que publicó la BBC.

"Te estuve filmando todo el tiempo. Ahora compra nuevamente tu honor", le dijo él por teléfono.

Si bien ella trató de negociar, él no le dio tiempo a pagar y le envió el video a sus amigos. "Cuando lo vi, empecé a gritar", explicó.

Samah perdió su trabajo porque el marido se lo envió a sus compañeros de trabajo.

"Mi familia y mis amigos me apoyaron. Estuve cerca de suicidarme. Me despierto en el medio de la noche con miedo", explicó.