Hillary Clinton obtuvo cerca de 200 mil votos más que Donald Trump sin embargo será el republicano el que suceda a Barack Obama al frente de la Casa Blanca. Enterate cómo es el sistema de elección indirecta que permitió que esta paricular situación se diera ya en 17 oportunidades en la historia de los Estados Unidos.
No es la primera vez que sucede. De hecho es la 17a elección presidencial en la que el candidato que más votos nominales obtuvo no logra acceder a la Casa Blanca y sí lo hace su contrincante con un menor apoyo popular.

En las elecciones presidenciales celebrada el martes pasado la candidata demócrata Hillary Clinton obtuvo el 47,66% de los votos emitidos (59.626.695 votos) frente al 47,5% (59.428.493 votos) cosechado por el flamante presidente electo Donald Trump.

Clinton se alzó con cerca de 200 mil votos más que Trump, lo que equivale al 0,11% de los votos emitidos y da cuenta de lo reñida que fue la elección, sin embargo quien sucederá a Barack Obama al frente de la Casa Blanca será el republicano.

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Es que Estados Unidos cuenta con un sistema de elección indirecto a través de un colegio electoral. De esta manera los votantes no eligen de manera directa al nuevo presidente de los Estados Unidos sino a los electores de su estado, quienes obtienen el poder de representarlos en el Colegio Electoral que sí elegirá al futuro presidente.

En total son 538 electores que participan del Colegio Electoral. Cada estado aporta a ese cuerpo una cantidad distinta de electores que se define de acuerdo a la suma de sus senadores (dos) y sus representantes en el Capitolio que depende de la población de cada estado.

En 48 estados y en el distrito de Columbia la fórmula presidencial que recibe la mayoría de los votos, así sea por un voto de diferencia, recibe el total de los votos electorales de ese estado. No hay un reparto proporcional de electores. Maine y Nebraska son la excepción, allí el ganador de todo el estado recibe dos votos electorales y después el ganador de cada distrito de esos estados recibe un elector.

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Así para convertirse en presidente de los Estados Unidos un candidato debe conseguir la mitad más uno del total de los votos del colegio electoral: debe alcanzar un piso de 270 electores.

En caso de que ninguno de los candidatos alcance esa cantidad de electores (caso que podría darse únicamente por la presencia de una tercera candidatura fuerte), entonces entra en acción la Cámara de Representantes que será la encargada de escoger al ganador entre los tres candidatos más votados.

Este sistema permite además, tal como sucedió este martes, que un candidato acceda a la Casa Blanca con menos votos en las urnas que su oponente. Es que si gana por muy poco margen en estados considerados clave por la cantidad de electores que aportan al colegio electoral y pierde por amplio margen en otro estados menores, se puede dar el caso de que aun obteniendo menos votos que su contrincante logre reunir una mayor cantidad de electores.

Este escenario no es infrecuente. De hecho, antes de este último martes en 16 oportunidades llegó a la Casa Blanca el candidato que menos votos populares obtuvo pero que logró imponerse en estados clave. El primer caso se dio en 1824 cuando Andrew Jackson se convirtió en presidente y el último registrado antes de la contienda entre Clinton y Trump lo había protagonizado George W. Bush en 2000.

En aquella oportunidad el candidato demócrata, Al Gore, había obtenido más de medio millón de votos populares más que Bush (el 0,5% del total de los emitidos), sin embargo como el republicano se impuso en estados de mayor peso, logró reunir 271 votos en el colegio electoral contra los 266 de Gore.

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