Federico Mana
Federico Mana

El triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos nos invita a pensar acerca de por qué el mundo, en nombre del rechazo al sistema y la burocracia, comete acciones que no hacen más que legitimar tal sistema burocrático.

Para algunos fue una sorpresa, para otros un eslabón más de una cadena mundial que se viene confeccionando hace años, posiblemente desde la crisis financiera desatada en 2008. Lo cierto es que, esperable o no, el triunfo de Donald Trump como presidente de Estados Unidos fue un acontecimiento que conmovió a todo el planeta tierra, no sólo por la fuerte influencia que tiene este país en la política internacional, sino también por la polémica figura del empresario quien llega al poder movido por su dinero y con discurso totalmente disruptivo, xenófobo, racista y misógino.

Así como Gran Bretaña no iba a salir de la Unión Europea, como Colombia no votaría en contra del acuerdo de paz con las FARC, Hillary Clinton tampoco iba a perder las elecciones, pero ante los resultados puestos la pregunta acerca de por qué pasó lo que pasó corre como reguero de pólvora. ¿Existe alguna respuesta que logre dar cuenta cabalmente de tal cuestión? Claramente que no ya que las variables puestas en juego vuelven tan complejo al asunto de cómo eligen los seres humanos que pretender reducir todo a un par de directivas resulta absurdo. Sin embargo quizás sí seamos capaces de proponer algunas ideas que nos acerquen a la respuesta que estamos buscando.

Trump como presidente de EE.UU. fue un acontecimiento que conmovió a todo el planeta

De esta manera podemos afirmar que gran parte de la población mundial se encuentra interpelada por los conflictos sociales que nos atraviesan: pobreza, violencia étnica, crisis de refugiados, reducción de la economía, pérdida de puestos laborales, contaminación del medio ambiente, distribución injusta y desmedida de la riqueza, corrupción enquistada en todos los estamentos posibles... No obstante ello, pese a las voces que se alzan reclamando soluciones, pareciera que la sociedad no es capaz de señalar al verdadero origen de estos males; es decir, se repudian los resultados de un sistema económico al cual, paradójicamente, no se pretende desestabilizar.

Por consiguiente nos encontramos pidiendo que continúe el libre mercado, que el capitalismo financiero nos siga rigiendo pero que se supriman las consecuencias lógicas de su aplicación. Es así entonces que ante esta insensatez se han generado las condiciones de posibilidad para que emerjan los discursos "anti-sistema" promotores de personajes de la talla de Trump que, presentándose como lo "diferente", no hacen más que reproducir el sistema contra el cual se lucha.

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Por ello es que surge la idea de que todos los males de nuestra era son culpa de la horrible y nefasta política, como si ésta no fuera una consecuencia de la presión que ejerce la economía. Claramente desde la política se permiten todo tipo de fechorías pero ¿Es la política la que produce los descalabros financieros o es el capitalismo y sus desequilibrios el que ha vuelto a la política un medio para el desastre?

El discurso anti-político ha calado hondo en las sociedades, permitiendo la aparición en puestos de poder de estos supuestos "outsiders" que se posicionan a sí mismos como lo diferente, como el quiebre ante el establishment aún cuando sean hijos directos de él. La política es mala y sucia por eso es mejor confiar en gente que provenga del campo de lo empresarial con discursos de CEO más que de líderes sociales...

Pero es en este punto donde precisamente radica toda la contradicción del asunto ¿Es Trump un anti-sistema, alguien que viene a romper con la burocracia y a acabar con los males que el capitalismo financiero provoca? Ante la desesperación y el miedo las masas son capaces de aceptar cualquier esperanza espuria por más bien maquillada que esté. ¿Qué sentido le encontraríamos acaso a un médico que nos diagnostica una enfermedad y nos afirma que la causa de la misma es que respiramos, por lo cual deberíamos iniciar un tratamiento "anti-respiración"? Suena descabellado, ¿pero qué tan lejos está esta analogía de lo que nos acontece?

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En definitiva, parecemos muy hábiles para señalar los problemas existentes, pero completamente torpes para señalar sus causas. Creemos que son los inmigrantes, que son los otros países, que son todos los políticos, que son los medios de comunicación, que son las políticas progresistas (aún cuando no entendamos muy bien de qué se tratan), los cultivadores de cannabis, los gremios de trabajadores, las feministas, Edgardo Bauza y Gonzalo Higuaín... ¿Cuándo nos tocará aceptar nuestra parte de la responsabilidad? ¿Cuándo entenderemos que los supuestos placeres que nos da este sistema económico son la contra-cara de todo el sufrimiento que nos provocan? ¿Cuándo asumiremos que el sistema que decimos odiar se alimenta con lo que nosotros le damos? Mientras sigamos enfrascados en nuestro confort no haremos más que configurar una masa irreverente cada vez más adormecida y que cree que la rebelión radica en poner al mando a magnates multimillonarios con discursos elitistas.