La Sala I de la Cámara de Apelaciones determinó que Remigio González Moreno sometió a su mujer a una "situación de violencia psicológica crónica instalada desde los inicios de la relación, evidenciada en su estado de sometimiento extremo".

El ex juez penal Remigio González Moreno, conocido por un escándalo de supuesta corrupción en el sanatorio Guemes, quedó a un paso del juicio oral y público por arrancarle tres dientes de una trompada a su pareja. La mujer fue víctima de violencia física, psíquica y económica.

La Sala I de la Cámara de Apelaciones determinó que González Moreno sometió a su pareja a una "situación de violencia psicológica crónica instalada desde los inicios de la relación, evidenciada en su estado de sometimiento extremo".

La mujer, Silvia Cianchi, "fue víctima de violencia física, psicológica, económica y simbólica a manos del inculpado" y, según el fallo, la principal testigo de esa situación fue su propia hija.

El ex magistrado, que renunció a su cargo en medio de un escándalo en la década del 90, acusado de cometer irregularidades en un expediente abierto contra el Sanatorio Guemes, quedó procesado ahora por "lesiones graves doblemente calificadas por el vínculo y por mediar violencia de género", por los que podría recibir hasta 15 años de prisión y además fue embargado por 300 mil pesos.

El hecho por el que será juzgado ocurrió el 28 de septiembre de 2015, aproximadamente a las 23.30 horas, en el domicilio en el que ambos vivían cuando González Moreno "la increpó y la insultó porque había hecho algo que le había molestado'".

Luego "le dio un golpe de puño en el mentón que le ocasionó heridas cortantes en labio inferior y cuero cabelludo al golpear su cabeza contra la pared, que demandaron suturas y que alteraron la armonía de su rostro".

En la agresión, la mujer perdió tres dientes y el tiempo de recuperación quirúrgica se estimó en seis meses.

Al prestar declaración indagatoria, el ex juez alegó que su mujer "se habría caído por haber ingerido en momentos previos alcohol y medicamentos".

Según surge del expediente, el acusado la llamaba "basurita" o "porquería", y "cuando ella le pedía que no lo hiciera, él alegaba que no entendía su sentido del humor".

"En ocasiones él le pegaba con la mano abierta, y cuando ella se quejaba él le decía que era un chiste y que ella no lo entendía", según surge del fallo.

La Cámara ratificó la decisión al entender que existió "un contexto de violencia de género que no se inició con el suceso investigado sino que por el contrario, habría sido el desenlace de una relación de pareja conflictiva".