Federico Mana
Federico Mana

¿Qué nombre ponerle a esa actitud que tienen muchos de creer que pueden hacer todo lo que los demás hacen? El "voluntariado docente" nos abre la posibilidad de reflexionar en torno a la percepción de sí mismo y la de los demás.

"Ese cuadro lo pude haber pintado yo". En toda muestra artística puede escucharse entre susurros semejante afirmación cada vez que algún despreocupado espectador entiende que el artista no está a la altura de las circunstancias, estableciendo sus expectativas como el único marco de referencia universalmente válido para determinar qué es arte y qué no lo es. Pareciera ser entonces para este tipo de mentalidades que el hecho artístico debe configurarse como algo extraordinario imposible de reproducir para quien con una falsa modestia se designa a sí mismo como un "normal"; sujeto normal que, pese a sentirse con las condiciones, nunca tuvo la ocurrencia de crear la obra que sospecha él pudo haber creado.

De todas formas llama la atención que en la mayoría de las oportunidades, quienes esgrimen su argumento estético "eso lo pude haber hecho yo" pocas veces han intentado enfrascarse en la producción que sostienen pudieron haber realizado y, menos aún, han comenzado a generar arte por cuenta propia luego de juzgar una obra. Es decir, se bastan con saberse con la supuesta posibilidad de hacerlo pero carecen de cualquier deseo de comprobar empíricamente su postulado. Pero ¿qué es lo que subyace a este juicio? Sin dudas, la denigración del proceso de creación artística, reduciéndolo a lo que estas mentalidades creen que es. aún sin conocimientos previos.

Desde hace años que existe una polarización en torno al rol docente: o se lo ve como el salvador del mundo o se lo ve como un parásito del Estado

Ahora bien, esta actitud que tanto se ve en las muestras artísticas puede extrapolarse hacia muchos otros ámbitos de la vida cotidiana ¿acaso no es tal actitud la que sobrevuela en el "súbito" voluntariado docente que estalló en las redes? Independientemente de la campaña armada en Twitter para erigir un trending topic que poco tuvo de azaroso, lo cierto es que muchas personas se sumaron con fervor tanto a proponerse como docentes como para aplaudir a quienes lo hacían como forma de dar inicio a las clases y no "tener de rehenes a los chicos". ¿Por qué gente sin capacitación ni experiencia en la docencia en ámbitos escolares se cree en condiciones de cumplir con tal función? ¿Es el resultado de un desmedido amor propio o de una denostación a la labor docente?

Desde hace años que existe una polarización en torno al rol docente: o se lo ve como el salvador del mundo quien, cual Prometeo, habrá de llevar la luz del conocimiento a las masas para sacarlas de su oscuridad existencial, o se lo ve como un parásito del Estado, que en su voracidad por más dinero, licencias y vacaciones es capaz de postergar el bienestar de toda la niñez. Claramente, si se analizan críticamente ambas posturas entenderemos que son insólitas e insostenibles porque dedicarse a la docencia no significa necesariamente ser un buen docente o redimir a la humanidad ni reclamar por los derechos laborales los vuelve unos traidores a la patria.

El docente debe ser movido por la vocación y luchas haciendo su trabajo, de otra manera se le reprimirá o se lo reemplazará por gente que cree que no debe ser tan difícil eso

Sin embargo, muchos eligen pasar del pensamiento crítico y trasladar todos sus mitos infundados hacia el plano de la frustración y el prejuicio: así el docente debe ser movido por la vocación y luchas haciendo su trabajo, de otra manera se le reprimirá o se lo reemplazará por gente que cree que no debe ser tan difícil eso de estar a cargo de unos treinta menores por clase durante varias horas siguiendo un currículum, planificando y corrigiendo.

No obstante podemos cuestionarnos si detrás del "voluntariado docente" hay sólo una soberbia disfrazada de altruismo o si acaso existe también una ideología política que interpela el derecho a la huelga y sostiene la necesidad de un status quo en donde el docente no debe verse a sí mismo como un profesional de la educación que defiende el valor agregado de su trabajo, sino como un agente vocacional innato que debe transmitir "por amor" la moral de un pueblo. Asimismo también se deja entrever una intención de manifestar que los docentes están "creídos" que tienen más derechos que otros trabajadores que han de pasar horas con labores manuales que se pagan todavía menos.

En este sentido, cabe mencionar lo que Karl Marx denominaba como "conciencia de clase", esto es, la noción de los sujetos del establecimiento de clases sociales que dividen a los que tienen el poder y la riqueza de los que no la poseen y trabajan para ellos. Proponerse como voluntario para cumplir gratis el trabajo remunerado de otro, aparte de ser ilegal, es un acto que legitima totalmente la división de clases reproduciendo el sistema opresor que le otorga cada vez más poder al poderoso. En definitiva, es buscar separarse ontológicamente del otro, manifestando que lo que uno hace es más importante, ignorando el proceso de capacitación por el que un docente debe atravesar y los derechos de estos a reclamar por la valoración de su labor... La buena noticia para estos abnegados voluntarios es que la educación continúa siendo pública, por lo que pueden inscribirse en alguna de las carreras universitarias o terciarias que habilitan para dar clases para que, con suerte en cinco o seis años, puedan cumplir sus sueños de estar en un aula.