No es lo mismo ver al Sol esconderse en el Desierto del Thar, en Rajastán, que en Monte Fuji, Japón, o en el Lago Inle, Birmania. Entrá y votá cuál te parece el más lindo.

Desierto del Thar, Rajastán

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Desde la ciudad de Jaisalmer se organizan excursiones para pasar la noche en este mar de arena en compañía del silencio y la absoluta oscuridad. A lomos de un camello se cruzan las dunas del gran desierto rajastaní mientras cae la tarde para luego acampar y presenciar el maravilloso espectáculo de la puesta del sol.

Monte Fuji, Japón

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Si Japón tiene un símbolo este es sin duda el Monte Fuji. Su forma perfecta y su iconográfico entorno inspiraron al gran maestro Hokusai a crear sus obras más representativas y famosas, Las 36 vistas del Monte Fuji (1933).

Taj Mahal, India

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La belleza de este monumento al amor tiene en el atardecer y el amanecer sus dos momentos mágicos. Bañado por la penumbra adquiere un misterio que lo embellece más todavía. Este mausoleo de mármol fue construido por el emperador mogol Sha Jahan como homenaje su difunta esposa Arjumand Banu Begum en el año 1654.

Lago Inle, Birmania

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En Myanmar y rodeado por montañas y más de 200 aldeas, el Inle es un pequeño mundo acuático en el que se practica desde hace siglos un tipo de pesca muy curioso. Se recomienda un paseo en barca por el lago a la puesta de sol para contemplar, además, las acrobacias de los pescadores.

Valle de los Baobabs, Madagascar

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La avenida de los baobabs es un área protegida desde 2007, cercana a Morondava, cuyos ejemplares pueden medir hasta 24 metros de altura y tener mil años de antigüedad.

Desierto de Atacama, Chile

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Situado en el norte de Chile y apresado por los Andes, el desierto de Atacama es uno de los paisajes más cautivadores y sorprendentes del mundo. Esta gran área caracterizada por su aridez está formada por inmensos salares, termas y geiseres, grandes minas de cobre y otros minerales y ofrece innumerables alicientes para recorrerlo. Al caer la tarde el sol, se refleja en su inmensa costra de sal.

Parque Nacional de Masai Mara, Kenia

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¿Quién no ha soñado en ver una puesta de sol en un parque nacional africano? Tras un intenso día de safari, la recompensa final: contemplar el atardecer de la sabana, con una acacia solitaria en el horizonte y los animales recortados sobre el cielo rojo. Inolvidable.

Ciudad del Cabo, África

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En el extremo más meridional del continente africano, Ciudad del Cabo está rodeada por una veintena de playas, famosas por sus soberbias puestas de sol.

Aiguille du Midi, Mont Blanc

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En las altas cimas de los Alpes, el aire purísimo deja que el sol se esconda con total nitidez. La luz refulge sobre la nieve en la Aiguille du Midi, de 3.842 metros, accesible en teleférico y un destino perfecto para alpinistas y esquiadores expertos.

Monument Valley, Estados Unidos

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En el territorio del Gran Cañón, es la joya de la nación Navaja. Sus monolitos de hasta 300 metros de altura se tiñen de rojo bajo la luz del atardecer y crean es un espectáculo sobrecogedor, por mucho que se haya visto infinidad de veces en westerns como La Diligencia y Centauros del Desierto, dirigidos por John Ford e interpretados por John Wayne.
OIA, Santorini, Grecia
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El atardecer el OIA, Santorini, Grecia.
El atardecer el OIA, Santorini, Grecia.
Hay, sin dudas, un antes y un después de las puestas de sol en OIA, el extremo norte de la isla griega Santorini. Los turistas se desplazan a la hora mágica hasta allí para ver cómo un gigantesco sol rojo anaranjado se impone y toca con el volcán.