La falsa médica causó la muerte de una de sus pacientes y deterioró la salud de varias mujeres que acudieron a ella para someterse a intervenciones baratas de cirugía plástica.

El sur de Florida es el sótano de la cirugía plástica. Desde los años noventa no han dejado de repetirse tragedias sanitarias y muertes por operaciones estéticas hechas por individuos sin licencia o por doctores negligentes.

No existe una cifra oficial sobre cuántos fallecidos o enfermos han dejado las malas prácticas o las estafas estéticas, pero el problema reaparece con frecuencia con casos truculentos. Esta semana, se acaba de cerrar un caso, en el que una falsa médica fue condenada a 10 años de prisión y 5 de libertad condicional por realizar operaciones con inyecciones tóxicas y por haber sido responsable de la muerte de una paciente.

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Se trata de Oneal Ron Morris, de 36 años, quien se hacía pasar por cirujana. Ya había sido condenada en 2013 a un año de prisión por haber inyectado sustancias tóxicas, pero la causa se reabrió cuando se comprobaron otros episodios que provocaron daños en la salud de muchas personas.

El caso más emblemático fue el de Shatarka Nuby, de 31 años, quien murió a causa de los tratamiento que se realizó con la falsa doctora. La víctima recibió de Morris 10 inyecciones entre los años 2007 y 2010. un servicio que le había costado 2000 dólares. Pese al dolor de la familia, la condenada se defendió argumentando que jamás le haría daño porque eran amigas. "Una masiva migración sistémica de silicona" fue la causa de la muerte, según el informe.

En el último juicio, se comprobó que Morris les inyectó a varios pacientes una combinación de combinación de cemento, pegamento, silicona y aceite mineral. Es más, también utilizaba la receta en su propio cuerpo, que se puede apreciar muy dañado producto de estas prácticas.

cirugía con cemento

Otras supuestas víctimas acudieron al juicio para asistir a su sentencia. La familia de la fallecida quería que fuese condenada a cadena perpetua. Una de las tres hijas huérfanas testificó que había visto una de las sesiones. Recordaba que Ron Morris tenía con ella un maletín negro con una jeringuilla y cinta adhesiva. Envolvió el trasero de su madre con cinta y le puso una inyección. El abogado de la sentenciada sostuvo que se trata de una condena injusta porque, según él, los pacientes sabían que ella no tenía licencia. Las víctimas afirman que La Duquesa, como era conocida Ron Morris entre su clientela, les garantizaba que usaría una silicona de máxima calidad.