Ángela González cerrará su negocio por los aumentos en los servicios y puso a la venta hasta los vasos. El local está ubicado en San Telmo y funciona desde 1994. A pesar de su situación cuando gente de la calle le pide comida ella no duda y les ofrece lo que tiene. "La palabra de Dios dice que hay que dar para recibir", dijo.

Desde hace 23 años, Ángela González es dueña de una rotisería en el barrio porteño de San Telmo. Roti- Pasur, en Paseo Colón 1129, es un lugar de paso para los transeúntes que circulan por la zona.

En el último año, los servicios básicos aumentaron, como a otros comerciantes, pero la luz fue lo que más subió pese a que tomó recaudos e intentó ahorrar.
"Ahora trabajamos para pagar"
En diálogo con minutouno.com, Ángela dijo que la rotisería siempre fue un lugar donde la gente iba constantemente pero en el último año las ventas bajaron y esto afectó mucho su negocio. Pero lo que la llevó a tomar la decisión de cerrar definitivamente fue el aumento de luz que pasó de $1.000 a $9.000, lo cual hizo que Roti- Pasur se fuera poco a poco a la quiebra. Hoy sólo espera vender las máquinas, heladeras y hasta los vasos para cerrar definitivamente.

"Todo empezó a ir mal con el cambio de Gobierno, las cosas aumentaron mucho y nosotros ahora trabajamos para pagar...El contrato ya se terminó desde hace unos meses pero estamos vendiendo todo y apenas se venda lo que queda cerraremos definitivamente", dijo González.

Rotisería

Con el cierre de Roti- Pasur, Ángela, que pasa los 60 años —por "vergüenza" y entre risas pidió que no se publique su edad exacta—, deberá buscar otra forma de sobrevivir y es algo que todavía no pudo resolver. "Soy una persona grande, no sé que voy hacer. Vivo sola así que seguiré viniendo al local y hasta que cierre estaré aquí. Después no sé", contó la mujer.

Rotisería

Pese a que se está quedando sin nada, Ángela no deja de ser una persona con un gran corazón e intenta ayudar a los que menos tienen.

Este domingo abrió su local como todos los días para tratar de vender lo que le queda y mientras atendía a los pocos clientes que estaban en el local pasó una señora con su hijo pidiendo comida, aunque le quedaban dos empanadas que podría venderles a sus clientes, ella decidió regalárselas a dos nenes para que comieran. "La palabra de Dios dice que hay que dar para recibir, así que prefería darle a ellos que venderlas", aseguró Ángela. Y agregó: "Por acá pasan todos los días gente pidiendo comida y hay que tratar de ayudar o darle lo que se pueda", aseguró.

Embed